El karma de obras civiles y el censo

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Desde siempre, los macroproyectos presentados por los gobiernos a la opinión pública se invierten millonarios recursos económicos en publicidad para mostrarse como grandes gestores de obras que se inician y no finalizan por infinidades de problemas. Los planes viales de las llamadas Ruta del Sol uno y dos de cuarta generación con sobrecostos incalculables aun no finalizan. La famosa represa de Hidroituango que solucionaría el problema energético del país está en veremos y tuvo en vilo la seguridad de miles de habitantes vecinos de la obra por el desbordamiento del río Cauca.
El más triste episodio es el famoso ‘Censo Poblacional’, publicitado por el Dane y esperado por los colombianos para conocer la densidad de la población, fue un verdadero fracaso. La institución cuenta con tecnología de avanzada para realizar una buena labor y no fue posible cumplirle al país y desconocemos cuántos compatriotas podemos abrazar la patria para amarla. El Dane es una de las instituciones del Estado que no goza de buena confianza del pueblo y afirmar que somos un poco más de 48 millones de colombianos es una cifra más, y por qué no 49 o 50 millones. Los anteriores censos eran unas fiestas donde participábamos todos al momento de suministrar los datos requeridos por el encuestador, el personaje con planilla, lápiz y una tabla de apoyo se convertía en un amigo más. Hoy con la tecnología que emplean para estas labores los márgenes de errores son mínimos, más ágiles y fáciles para obtener la información, pero no sucede así. La estigmatización del Dane no es gratuita en las comunidades por la poca confiabilidad de los indicadores que divulga mensualmente relacionados con el costo de vida, pobreza, desempleo, cobertura en salud y educación son las causales, por no ajustarse a la realidad del país. Los colombianos conocemos que son datos amañados y mentirosos por exigencia del gobierno para cubrir sus errores administrativos e incapacidad de gobernar bien. Mentir sobre el número de habitantes es fatal en un país cuestionado por sus desaciertos, corrupción, polarizado en todos sus sectores, desajuste social y los constantes enfrentamientos entre los poderes públicos. La pregunta es, ¿por qué debemos creerle al DANE sobre las cifras suministradas?. ¿Será que no hay más alternativa que creerle?, cada quien puede juzgar. Con seguridad la gran mayoría duda.
Para los gobiernos los Planes de Desarrollo son la brújula de sus administraciones y es posible que tengan razón. Lo más sensato es gobernar conociendo primero a quién gobernar, qué cantidad de personas, las condiciones en que se encuentran los gobernados, desde salud, empleo, género, edades y otros datos personales. Para conocer la información es necesario realizar un censo periódico que ayuda al buen funcionamiento del Estado en todos los programas sociales y no gobernar a ciegas. Conociendo el presidente Duque las fallas del censo anterior no debió presentar el Plan de Desarrollo y menos solicitar su aprobación hasta no aclarar las inconsistencias. ¿Qué problema ocasiona estos garrafales errores? La ingobernabilidad por falta de brújula y desconocer donde dirigir los programas, y número de representantes a la Cámara por departamento, en el Atlántico se podría reducir de 7 a 4. Sin conocer el número de habitantes por región, cómo se distribuyen las regalías, el control del Sisbén, el Estado está a la deriva. Es evidente que las improvisaciones son ocasionadas por falta de planeación, intereses políticos que permean las decisiones de los expertos y las renegociaciones que se realiza entre el funcionario público y el contratista cuando se trata de obras civiles, para citar algunas.
Es triste que en menos de una década el país tenga que afrontar tantos problemas de orden judicial y pagar fuertes indemnizaciones por errores en la contratación. El karma de obras como el puente Hisgaura en Santander, el puente Pumarejo de Barranquilla sin terminar, presenta fallas estructurales, la caída en construcción del puente Chirijará, la vía que conecta a Bogotá con Santa Marta conocido por el escándalo Odebrecht, los túneles y viaducto del alto de la línea en Plan 2.500 son los más recientes. El nuevo trofeo de la vía al Llano que tiene incomunicado el sur del país por derrumbes, con los perjuicios económicos en la región y el agravante que el Estado debe asumir las millonarias inversiones para recuperar la malla vial por la mala elaboración del contrato es el apaga y vámonos. No es justo que un país reconocido por el talento de sus profesionales y muchos de ellos vinculados a multinacionales en el exterior sucedan semejantes despropósitos y causen tanto detrimento económico al erario público. Los responsables de semejantes empanadas contractuales deben asumirlos con sus patrimonios.

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