Gobernador Verano defraudó a los atlanticenses

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Eduardo Verano, gobernador del Atlántico

Se ha podido comprobar, de acuerdo a las quejas que a diario nos llegan de los diferentes municipios del Atlántico, que definitivamente tenemos un Gobernador que no ha dado la talla en cuanto a la atención que merecen los pequeños agricultores que tienen esta actividad como su único medio de subsistencia en diferentes municipios y sus corregimientos de esta sección del país.
Es el momento para que el gobernador Eduardo Verano De la Rosa tome conciencia de la enorme responsabilidad que tiene entre manos y proceda en lo que le falta de su mandato a dirigir su atención a este olvidado sector que ha venido padeciendo por el abandono total al que los ha mantenido la actual administración.
A este que se ha constituido en uno de los puntos negativos de Verano, hay que agregar otros más como es el caso del agua que se distribuye a los moradores de muchas cabeceras municipales –ni qué decir de los corregimientos–, que en la mayoría no es apta para el uso de los humanos. Simplemente porque de acuerdo a los resultados de estudios ampliamente conocidos, el tan preciado líquido no reúne las características que le den la categoría de potable, es decir el agua que consumen los habitantes de la mayoría de municipios no es apta para el consumo humano.
Sin duda, uno de los más graves problemas que siguen afrontando los habitantes de la mayoría de municipios del Atlántico, es la falta de un buen servicio de agua potable. Desde tiempos inmemoriales los habitantes de la mayoría de los pueblos atlanticenses han venido luchando ante los gobernantes de turno, para que se atienda la solución de esta sentida necesidad, que a través del tiempo se ha convertido en un mal de nunca acabar, antes por el contrario, ha tenido la tendencia de agravarse cada día en forma alarmante, hasta llegar al actual estado de deficiencia que ha caracterizado la prestación de este vital servicio; lamentablemente para el gobernador Verano De la Rosa este problema no merece la menor importancia.
Esta es una circunstancia que ha sido aprovechada durante muchos años, por candidatos a corporaciones públicas en épocas electorales, quienes la utilizan como ‘caballito de batalla’, en sus campañas proselitistas cada cuatro años.
Es por esto que las comunidades de la provincia dejaron de creer en sus gobernantes, precisamente por la desidia que siempre los ha caracterizado, permitiendo el crecimiento de una problemática que colocó al Atlántico entre los departamentos de más bajos indices en cuanto a cubrimiento de esta básica y vital necesidad.
En el campo educativo es poco lo que se ha avanzado en la administración, resulta lamentable que recientemente hayan salido a la luz pública serios problemas por los que atraviesan numerosas instituciones educativas en los municipios del Atlántico.
Hoy hacemos referencia a lo que está ocurriendo a los estudiantes de la Institución Educativa Técnica Agropecuaria de Tubará, quienes se encuentran escuchando las clases rodeados de galpones de madera y expuestos a los excrementos de millares de palomas que se albergan en su edificación, no obstante haberse anunciado con ‘bombos y platillos’ su inauguración desde noviembre de 2018, luego de una millonaria inversión no se han concluido los trabajos.
Como debe saberse, la educación pública es aquella reservada para los niños y jóvenes pertenecientes a las comunidades más vulnerables de nuestro tejido social, por tal razón, las instalaciones físicas de los colegios deben estar en buenas condiciones; quienes allí acuden son seres humanos, humildes en su mayoría, pero que también merecen comodidad, sin embargo para la actual administración estas problemáticas no merecen la menor importancia.
Señor gobernador Eduardo Verano De la Rosa, usted tiene la palabra.

#DIARIOLALIBERTAD

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