Hablemos en serio

Una ciudad no puede darse el lujo de permitir la indisciplina social, la mendicidad, la suciedad, la intolerancia, las bacrim, la extorsión y la muerte, como parte de un panorama cotidiano, en el que lo único que importa es el aviso de prensa y de ahí en adelante la pasividad y la aceptación tácita de lo que sucede.
Debemos todos a una, reaccionar frente a quienes dirigen los destinos ciudadanos, no puede ser admisible que no entiendan que casi el 98% o 99% de los habitantes de la ciudad, están temerosos, indefensos, frente a los múltiples frentes de la delincuencia, que cada día son más agresivos, violentos y seguros de su accionar por cuanto no opera la justicia, como acción sancionatoria, ni la policía como prevención.
Pero, no puedo ser injusto con la fuerza de policía, ellos hacen la tarea, pero la fiscalía y los jueces de control de garantías no ayudan, sueltan casi a las 24 horas de cometido el ilícito a los delincuentes y quedan sometidos a la venganza quienes se atreven a denunciar, perseguir o defenderse de los atropellos de los violentos.
Una ciudad no puede dirigirse para proteger los derechos de quienes la atacan, de quienes la enfrentan con su accionar delictivo, una ciudad debe ser conducida para defender la institucionalidad, la Constitución y el pleno ejercicio de los derechos ciudadanos.
Es increíble que los Alcaldes se queden como decía Gaitán, “sentados en sus mesas de escritorio con los pies en alto” esperando que los acontecimientos los desborden y la delincuencia acabe con quienes mantienen la institucionalidad y por ende la democracia.
Se quedan los testigos de la delincuencia aterrados de lo que ven, estupefactos, no creen, dicen que es como un sueño, el atraco en las avenidas, en el centro de la ciudad, en la forma masiva como actúan los pequeños y grandes delincuentes, agrediendo a la vista de todos al buen ciudadano, al niño, al mayor, al solitario, acorralándolo y saqueando sus bolsillos de una manera aterradora, sin remordimiento con saña, quitando lo que han conseguido con esfuerzo.
Si no actuamos decididamente el panorama se agravará de tal forma, que vendrá como en algunos lugares ya se ve, el linchamiento popular para quien delinque y ahí sí, con seguridad saldrán a la palestra las voces de quienes dicen defender los derechos humanos, pero, que no salen cuando los seres humanos que estudian, trabajan y pagan impuestos son ultrajados de todas las formas posibles.
La vida en comunidad da derechos, pero también genera obligaciones, y unas y otras hacen posible la convivencia ciudadana, pero, sin reglas, sin consecuencias, no lograremos la paz y la civilidad.

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