Resulta preocupante, por decir lo menos, la situación en materia socioeconómica para gran parte de los departamentos que conforman la Región Caribe; aquí la crisis apunta hacia el desequilibrio y la marginalidad; los indicadores son elevados en el orden de pobreza, indigencia y necesidades básicas insatisfechas, en comparación con otras regiones del país.
Las razones que el análisis arroja apuntan a que siempre ha existido un manifiesto descuido en la gestión pública, lo que quiere decir que son otros los intereses que guiaron a quienes por mucho tiempo ocuparon cargos de administración y orientación, a lo que tenemos que agregar la politiquería predominante y la falta de planificación, situación que desdice de lo que debe ser un correcto manejo de la cosa pública, especialmente en lo que concierne a administrar con pulcritud y buen criterio de eficiencia los recursos dirigidos a los sectores más necesitados.
El rezago que hoy presenta nuestra región, encuentra aquí los factores más significativos, para estar situada en un bajo grado en cuanto a desarrollo social, mientras en el interior del país el avance progresista no solo se ve, sino que la ciudadanía lo disfruta y aprovecha de sus beneficios; he ahí la diferencia de nuestro atraso y el liderazgo de las otras regiones.
Es inconcebible que ya avanzado el tercer milenio todavía encontremos en la Costa poblaciones que carecen de los más elementales servicios básicos y en donde sus habitantes viven en las más paupérrimas condiciones, en medio de toda clase de necesidades.
Lamentablemente esa es la radiografía social de muchas de nuestras localidades, especialmente las del sector rural de esta sección del país, zona que de manera ancestral ha padecido un inquietante olvido gubernamental, que hoy en día se refleja en sus bajos índices de desarrollo y progreso.
Ante ese abandono de muchos años, no es de extrañar las informaciones que publicamos con frecuencia en nuestras páginas; traemos a colación la situación que se vive en estos momentos en muchos corregimientos de nuestra jurisdicción, en donde no cuentan con servicio de agua potable, no hay atención médica, no existen vías de comunicación, situación que se ha empeorado cuando llega la temporada invernal, por lo que sus habitantes esperan de las autoridades de los municipios a que pertenecen, mayor atención en la solución de los problemas que padecen.
No obstante, con orgullo podemos decir que nuestra región es una de las más hermosas de Colombia; es aquí donde propios y extraños disfrutan de sus paisajes que bien aprovechados pueden abrir las puertas del turismo que tantos beneficios deja en otras regiones.
La zona costera de nuestro departamento tiene mucho para dar y ofrecer; para ello se requiere primero que todo, de la ayuda del Gobierno Nacional, no solo representada en aportes económicos, sino en asesoría profesional, para que los lugareños entiendan que en sus cálidos y hermosos terruños que habitan está la clave para tomar con peso firme el camino del progreso.
Es cierto que los últimos gobiernos rescataron gran parte de nuestra Región Caribe de manos de los alzados en armas, quienes precisamente por el cúmulo de necesidades aquí encontraron campo abonado para germinar sus violentas acciones y generar la mayor crisis humanitaria representada en el fenómeno de desplazamiento de que se haya tenido noticia en la historia de Colombia.
Ahora es el momento propicio para que con la decidida ayuda del Gobierno Nacional esta paradisíaca zona de nuestro país, sea dotada con las herramientas necesarias para iniciar una nueva etapa, que la catapulte hacia los grandes destinos que su población se merece.

Comenta aquí: