Entre águilas y gusanos

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Una reciente investigación adelantada por la Universidad de los Andes atribuye a la población del Caribe colombiano tener mayor seguridad y confianza en la democracia, lo que da a entender que participa en las decisiones que definen su rumbo, lo cual, observando la realidad, a quienes somos parte de ese conjunto humano nos hace aparecer como despistados, por las notables desventajas que tenemos en muchos aspectos, y basta sólo mirar lo relacionado con las tarifas de los servicios públicos domiciliarios y la eficiencia con que se prestan, para darse cuenta que los de las ciudades interioranas son más bajas y de superior calidad, lo que obviamente y por simple lógica se refleja en la calidad de vida de sus consumidores. Si los costeños del norte le ganamos a nuestros demás compatriotas en la fe puesta en la democracia, quiere decir que esa fe es ciega y casi religiosa, porque estaríamos creyendo que participamos en los asuntos de trascendencia social, o de veras lo estamos con poco o ningún beneficio, imbuidos de que “nadie sabe para quien trabaja”.
Sin cifras comparativas a la mano, porque ello es advertible en la gran desigualdad del nivel de vida de sus habitantes, las tarifas de agua y luz en Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, entre otras del Caribe, son más elevadas que las de Medellín y todas las del área andina, porque, sin estar exentos de errores y de comportamientos que podrían ser objeto de cuestionamientos, como en lo de la hidroeléctrica de Ituango, la dirigencia de esas empresas, utilizando recursos aportados por todos los colombianos, han demostrado tener real compromiso con sus gentes, o, específicamente, con los usuarios, cosa sobradamente plausible. En cambio, en nuestra costa tenemos el caso de “Electricaribe”, monumento de ineficiencia y exacción. A sus resultados negativos nunca se halló forma de corregirlos sin afectar, como siempre sucedió, el bolsillo de los usuarios, para que esa empresa saliera de su atolladero, hasta que por fin se decidió remplazarla, ojalá que por operador u operadores responsables y eficientes.
En el Norte de Colombia se promueve la convivencia y se ensalza la democracia aunque no se tenga conciencia de su utilidad, más allá de la creencia de que se trata del gobierno del pueblo y para el pueblo. Y como democracia implica participación, es pertinente el reclamo de ilustración y liderazgo a la dirigencia regional, para que en el caso de la energía eléctrica, ahora que se estudia la selección del o de los sustitutos de “Electricaribe”, se haga sentir el peso ciudadano con el fin de que no se repita la triste experiencia padecida, mensurable en cifras de abandono, atraso, pobreza y hasta inseguridad. Aún estamos a tiempo para una vigilante movilización cívica. La subasta del mercado eléctrico está en fase preparatoria. Las seis empresas precalificadas e interesadas en la contratación, van a adelantar o ya lo han hecho, visitas de campo para conocer la infraestructura, recibir presentaciones de gerencia e información que les permita valorar y estructurar sus propuestas, lo que deja ver que es el momento preciso para convocar la presencia ciudadana. La responsabilidad en esto la tienen principalmente quienes fungen de voceros regionales en lo público y lo privado. El dilema, o mejor, el reto democrático para esa dirigencia, es el de ser o no ser. Y en el caso de no ser, quedará expuesta a merecer y padecer como mínimo, el apóstrofe de que “el que quiera ser aguila, que vuele; el que quiera ser gusano, que se arrastre, pero que no grite cuando lo pisen”, con que el revolucionario mexicano Emiliano Zapata concitó a su pueblo en el fragor de su lucha.
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