Confesiones de un abogado

Conmemorar cada 22 de Junio el día nacional del Abogado es un reconocimiento a una de las labores más nobles e importantes que existe en Colombia. No existe unanimidad sobre el motivo de la escogencia de esta fecha, algunos aseguran que se trata de una equivocación en la que se quiso conmemorar el natalicio del celebre jurista venezolano José Cristóbal Hurtado de Mendoza y Montilla, quien sería el primer presidente de Venezuela después de la Independencia. No obstante, dicho personaje nació un 23 de junio (fecha en que se celebra este día en Venezuela) y no un 22.
Cabe aclarar que la celebración de este día varía en cada país; unos por acontecimientos celebres, otros en honor a cierto jurista destacado. En México, por ejemplo, lo celebra el 12 de julio desde 1960, porque un día como ese, pero en el año 1553, fue dictada la primera cátedra de Derecho en México y América Latina en la Universidad Nacional Autónoma de México, a cargo del licenciado Bartolomé Frías y Albornoz.
En nuestro país no existe un motivo claro y contundente por el que podamos afirmar que se celebra el día del Abogado, pero la ausencia de un referente no significa que es menos importante realizar tal conmemoración, sobre todo en país como el nuestro.
Afirmo lo anterior, por cuanto Colombia es uno de los países donde existen más Abogados. Sin temor a equivocación me atrevería a afirmar que somos el país de los juristas. Y no solo hablo de los abogados de profesión, sino también a los abogados de corazón, aquellos que, sin haber estudiado derecho, hablan como abogados, se creen abogados y siempre soñaron con tener un abogado en la familia.
Como quiera que ser abogados tiene en nuestro ordenamiento jurídico una connotación enorme, ya que incluso nuestra constitución consagra el derecho a la defensa como un derecho fundamental, explicaremos o más bien haremos una serie de confesiones para que aquellos que nos miran como seres extraños entiendan lo maravilloso pero complejo que es ser un abogado.
No es fácil llegar a una fiesta o reunión familiar y escuchar que llegó el Doctor y aprovecharé para hacerle una consulta, siendo que lo que menos se desea en un momento como ese es seguir hablando de trabajo o cuestiones jurídicas.
No es que no tengamos corazón, es que nos toca asumir una posición ecuánime en la que podamos analizarlo todo con la mayor objetividad posible, pero siendo sinceros, somos la especie con la mayor capacidad de comprensión de los problemas sociales.
No nos sabemos todas las leyes, ni nos sabemos de memoria la constitución. Así que cuando nos pregunten por tal o cual ley, tenga en cuenta que no la sabemos toda y no nos pregunten ¿Y tu no eres Abogado?
Somos apasionados por lo que hacemos, no nos gusta perder y es cierto que debes armarte de una buena artillería argumentativa para ganarnos una discusión.
Nos gusta el café, leer libros y una buena charla.
Reconocemos la importancia de otras profesiones y lo vitales que son para la existencia de la sociedad, pero tenemos claro que los abogados somos de las cosas indispensables y que nunca pueden faltar.
Somos seres incomprendidos, pero cuando nos conocen de verdad, descubren la calidad de seres humanos que somos.
Somos el arma secreta de nuestros familiares y amigos que cuando están en una discusión o inconveniente dicen: “Traeré a mi abogado”.
En ocasiones, somos la última y máxima instancia en las discusiones familiares, cuando alguien dice: “Bueno, ya habló el Abogado que es el que sabe”.
Hablamos y decimos cosas en latín no porque invoquemos al demonio o hagamos un hechizo de Harry Potter, sino porque en latín se escribieron gran parte de los dichos jurídicos.
Son tantas las confesiones que en torno a estos míticos y legendarios seres se pueden realizar, que nos quedamos cortos y tendríamos que escribir un libro exclusivamente al estudio y descripción de este maravilloso ser. No obstante, que Dios bendiga a los abogados, aquellos que con pasión, disciplina, esfuerzo y dedicación asumimos los problemas de otros como nuestros con el objetivo de llevarlos a feliz término.
¡Advocatus felix dies!

 

Comentarios