Aprender ciudadanía

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¿En que tipo de árbol florece la ciudadanía? Es decir,
¿ciudadanía de qué democracia, como es la participación?
¿De dónde nace esta tarea de aprender ciudadanía que
constituye a la vez un derecho y un deber? ¿Cómo se ejercita
esa participación ciudadana? Frecuentemente los debates
pedagógicos se encuentran truncados porque utilizamos para
mantenerlos palabras con acepciones multívocas. Podemos
decir que es necesaria la participación ciudadana pero, ¿de
qué participación se trata?
La palabra participación proviene del verbo latino participare,
que significa tomar parte, Otras acepciones que presenta el
diccionario de la RAE enriquecen, diversifican y matizan el
concepto: “recibir una parte de algo”, “compartir, tener las
mismas opiniones, ideas, etc. Que otras personas”, “dar parte,
noticiar comunicar”…
Hablar de participación es hablar, de alguna manera, de
democracia. La participación supone que el poder está
compartido y que no está en manos de unos poco, sean estos
sabios, políticos o técnicos. La democracia no se circunscribe
al voto. Los ciudadanos y ciudadanas no terminan su tarea
democrática cuando acuden a las elecciones para elegir
representantes. Ahí comienza la tarea. Las urnas no son el
ataúd sino la cuna de la democracia. El problema está en el
período comprendido entre dos elecciones. La tarea de la
participación y de la representación se desarrolla en la vida
cotidiana.
“no hay democracia sin conciencia de pertenencia a una
colectiva política” dice Alain Touraine. Y añade, “la democracia
descansa sobre la responsabilidad de los ciudadanos”. Los
ciudadanos y ciudadanas no se sienten miembros de una
comunidad, si no se sienten responsables de lo que pasa
dentro de ella, la participación no existiría o, si existe, será una
mera farsa.
El árbol de la participación democrática no crece a tirones, no
se desarrolla en unos periodos y paraliza su crecimiento en
otros. Es un árbol que crece de forma silenciosa e
ininterrumpida.
Participar es comprometerse, y como lo afirma Hessel,.. “Es
opinar, colaborar, criticar, decidir, exigir, proponer, trabajar,
informar e informarse, pensar, luchar por una sociedad mejor”.
Participar es vivir no como espectador sino como protagonista.
La participación de los ciudadanos y ciudadanas exige la
transparencia informativa, la posibilidad de elegir libremente, la
capacidad real de intervenir en las decisiones… no bastan las
estructuras formales. Hay que llenarlas de una práctica abierta,
transparente y honesta. Existen muchos modos de destruir la
democracia salvaguardando las formas, pero afectando el
contenido. De ahí surgen las reticencias y el abstencionismo.
Muchos ciudadanos dicen que es inútil su presencia porque
todo está decidido sin ellos incluso, contra ellos.
Las decisiones democráticas se caracterizan porque nacen del
dialogo, de la libertad, de la negociación y de la valoración
racional de las opiniones de todos y de todas.
Cuando ya sepamos de qué naturaleza es este árbol, al que
estamos llamando participación, qué estamos diciendo cuando
hablamos de participación, tendremos que trabajar para
cultivarlo y hacerlo crecer.
Nos advierte el profesor Rubio Carracedo, que el avance hacia
la construcción de la participación democrática tiene
obstáculos. En efecto, existen. A veces están protagonizados
por aquellos que tendrían que ser el estímulo y la ayuda
fundamental para alcanzarla.

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