A reactivar la productividad

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Indiscutiblemente el problema de la pobreza existente en Colombia es de vastas proporciones y lo que es peor, tiende a agravarse en perjuicio de las inmensas mayorías populares; mal haríamos en desconocer este hecho.

Las cifras hablan por sí solas, según los datos más recientes del Dane, 20 millones de colombianos son pobres, es decir, un poco menos de la mitad de la población.

Por lo tanto se hace necesario cambiar la estrategia, eso está claro, pero ese es el gran dilema.

Según concepto de los expertos, es indispensable un alto crecimiento económico, para reducir las elevadas tasas de desempleo que son precisamente la causa fundamental de la pobreza en Colombia –lo demás es populismo–; sin embargo, para alcanzar ese crecimiento, se requiere consolidar la paz.

La anhelada pacificación total del país seguramente se traducirá en confianza, más inversión social y crecimiento, actualmente insuficientes, para que los mencionados fenómenos tengan la mejoría que los colombianos deseamos.

Sin embargo, podemos decir que vamos por el camino correcto, dentro de la llamada reactivación económica y social, pero no se puede negar que en ese sentido, falta mucho camino por recorrer, también hay que reconocer que existen muchos riesgos de retroceder si pretendemos alcanzar ese objetivo antes de tiempo, sencillamente porque con más impuestos como lo propone siempre el Banco Mundial, surtiría efecto dicha fórmula, pero si estuviéramos en paz y en plena bonanza económica.

No en las circunstancias actuales, cuando la inseguridad campea a sus anchas y por la simple razón que siempre está presente una reforma tributaria todos los años, como única salida.

Más impuestos nos parece inconveniente, sobre todo ahora, cuando todavía la reactivación del campo es incipiente, con bajas tasas de crecimiento y cuando la productividad solo repunta en algunos cultivos.

Por tanto, creemos que el remedio tributario más bien agravaría al paciente, nos hundiría de nuevo en la recesión, y esto significaría aumento de los males que intentamos combatir.

Otra cosa sería cuando cambien las circunstancias descritas, no por ahora. Y el anhelado proceso de incremento en los ingresos fiscales, fruto de la futura estabilidad económica y política, deberá hacerse en forma gradual y progresiva, con la debida prudencia, no a las carreras.

Que se eliminen muchas exenciones, que es urgente eliminar los regímenes especiales en pensiones, como se planteará en la proyectada reforma pensional, no se discute; que se facilite el mayor acceso de los más pobres a la educación –sobre todo universitaria–, es indispensable, en nombre de la equidad que tanto invocan organismos gubernamentales.

Y que en la presente administración haya en lo posible elevados niveles de gasto social, dándole la máxima prioridad que por desgracia suele desconocerse en el modelo neoliberal impuesto durante los últimos años, es una sana recomendación reclamar eficiencia en dicho gasto.

Más impuestos en la actualidad lo consideramos inoportuno, posiblemente en el futuro, siempre y cuando se consoliden la paz y la reactivación.

No por ahora.

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