Junior, identidad y calidad del futbol profesional colombiano

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Definitivamente cada final y estrella del Junior se ha ganado a punta de hombría y tesón.

En el juego del miércoles por la noche, el equipo se notó agotado durante todo el pasaje de los 90 minutos, pero antes de una posible abdicación al trono, la categoría, mente lúcida y la forma inteligente como se paró contrarrestó a un Pasto que salió a buscar a como diera lugar el triunfo, pero tampoco tuvo una llegada durante los 180 minutos de la final con acciones que contuvieran alta peligrosidad y permitiéndole al onceno rojiblanco nuevamente campeón.

Quizá esta final antes de terminar la segunda década del nuevo milenio sea una de las  más discretas en el futbol profesional colombiano, pero uno de los mejores en cobros desde el punto penal siendo efectivos, entre ambas escuadras y al final como dice la máxima… “El fin justificó los medios…”. Cuando en las finales no se juegan, se ganan, como argumentó el estratega argentino Bianchi.

También hay algo que quedó demostrado: el cuadro barranquillero pasó de una debilidad a una de sus fortalezas en estas instancias de suma presión.

Ahora, también es importante decir lo importante de ganar el primer juego de la serie. El gol del Junior en Barranquilla fue de “suerte” pero se gozó y valió la tranquilidad de estar más cerca de la gloria de la novena estrella, mientras la anotación del Pasto -que no fue de una final y menos de un partido tan cerrado como este-, pudo anotar, pero sufriendo y por un error, pues en el uno contra uno, nunca fue superior al rojiblanco de Barranquilla.

En el juego en Bogotá se vio a una defensa del Junior bien madura, concentrada.

Solamente la acción del gol en el que el zaguero Gabriel Fuentes tuvo responsabilidad, pero quedará como anécdota y de aprendizaje para que no se vuelva a cometer, pues talento tiene, pero hay que protegerlo para que vuelva a ser visto en los microciclos de la Selección Colombia.

En zona medular, el conjunto barranquillero inspira respeto y admiración. Jugadores como Cantillo y Narváez, su claridad y buen complemento, es lo sobresaliente hoy del fútbol colombiano. Ni hablar del ida y vuelta de James Sánchez, fue total. Sambueza que no estuvo del todo fino, apaleó al sacrificio y eso es válido.

Curiosamente, los dos goles de los juegos pasan en los pies de los jugadores que tuvieron incidencia en los resultados y llaman la atención. El gol de Sambueza pasa por los pies de Fuentes que luego, inocentemente, es el responsable del gol con el que empató Pasto la serie a través de Roy Vanegas.

Precisamente este jugador es quien siendo el héroe del juego se transformó en villano en los cobros desde el punto penal, al desperdiciar el último disparo en la tanda y con el que el Junior gritó por novena vez campeón.

No hay que discutir ante el mejor delantero del Junior en los últimos años, Teófilo Gutierrez. Este deportista, como muchos otros de la ciudad, tienen algo innato. Cuando juegan las finales se transforman en unos verdaderos líderes, tanto intelectual como moral, desafiando a cualquier rival y hasta terminar de intimidarlo. El barranquillero lo demostró con su juego pase filtrado, tejiendo jugadas y anotando mostró su ventaja a muchos jóvenes que están comenzando con esta profesión.

Tampoco hay que olvidar a quien hoy podría decirse que es el mejor arquero del Junior en la historia del equipo, Sebastián Viera, quien hace goles, achica bien y es seguro en el aire.

El uruguayo ha conseguido 3 títulos en Liga. 2011, II semestre; 2018, II semestre; 2019, I semestre de apertura y 2 Copa, 2015 y 2017, superando al argentino campeón del onceno costeño en el 77 y 80, Juan Carlos Delménico.

Es necesario que para este segundo semestre y más para la copa Libertadores, el equipo se refuerce con calidad en todas sus bandas, especialmente en la delantera con un volante creativo que pueda organizar bien al equipo para soñar con un nuevo título.

De Julio Comesaña ya es una realidad que las “cábalas” sí son ciertas. El atuendo azul ha sido definitivamente su escudo, coronándose campeón en una oportunidad como jugador (1977) y dos como técnico.

En definitiva, Barranquilla sigue siendo una ciudad que demuestra que se respira y se vive fútbol con un Junior que enamora hoy más que nunca a todo un país siendo, inclusive, el mejor equipo en la historia del club al demostrar la verdadera identidad del fútbol profesional colombiano.

Lo importante es que ahora el onceno demuestre que para la próxima Libertadores puede revertir con calma desde el segundo semestre de la Liga para convertirse en una escuadra que, si se lo propone, puede llegar a ser imbatible en suramerica y seguir enamorando a la afición.

Y como dijo en alguna oportunidad el escritor Álvaro Cepeda Samudio: “Junior es la novia de Barranquilla”.

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