¡Hasta Santrich tiene derecho a la libertad!

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La libertad del ciudadano Seuxis Pausias Hernández, más conocido como “Jesús Santrich” ha causado todo un vendaval jurídico y político en nuestro país. Pero, como ya lo hemos indicado, lo político es ajeno a nuestro interés, por consiguiente, nos centraremos en lo jurídico. No obstante, debemos tener claro que desde el ambiente político se plantean todos los escenarios jurídicos, esto no es ideal, pero si es una realidad.
La necesidad de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, decretar el estado de conmoción interior, entre otras, son las alternativas que se plantea el gobierno para lograr a como dé lugar la extradición de Jesús Santrich. Es curioso que la situación jurídica de una sola persona sea capaz de polarizar más a un país que se caracteriza precisamente por su escasa unanimidad en sus decisiones, pero debemos analizar todo esto, como es nuestro hábito y además nuestro deber, a la luz de la constitución y la ley.
Empecemos por lo que sabemos. Los Estados Unidos solicitan la extradición de Santrich y se inicia el tramite para lograrla, encontrando su principal oposición en la JEP y en la condición de aforado de Santrich. No obstante, se inicia una batalla jurídico política en torno a la libertad del ex combatiente de las Farc. Se ordena su liberación, es recapturado y ahora nuevamente liberado por orden de la Corte Suprema de Justicia, quien, dando un golpe de autoridad sobre la mesa, dice que ella es la competente para juzgarlo.
Recordemos que previamente la JEP había denunciado una serie de irregularidades sobre las cuales se basó para negar la extradición de Santrich y ordenar su liberación. En primer lugar, se denunció la ilegalidad del actuar de los agentes encubiertos en el video soporte de la investigación. La JEP indicó que, de acuerdo a la normatividad internacional se requería un permiso especial para que estos agentes pudieran actuar en Colombia, dicha autorización nunca fue aportada ni acreditada, por consiguiente, dicha prueba está viciada de ilegalidad. Estos agentes, actuaron por fuera de las normas legal e internacionalmente establecidas.
La teoría del “Árbol envenenado” es propia del derecho y útil para explicar lo que estamos indicando. Si un árbol está envenenado, todos sus frutos lo estarán también. Esta metáfora nos permite entender que, si el acto inicial está viciado, dañado, todos aquellos actos que se desprendan de este, lo estarán también, por ende, es culpa del mismo Estado, en cabeza de la Fiscalía que se haya “caído” dicho procedimiento por no actuar de acuerdo a las reglas.
Por otro lado, infiltrar agentes en el domicilio de un ciudadano supone la idea de una intromisión e invasión a la esfera de la intimidad y esto requiere una autorización previa de un Juez, autorización que al parecer no fue tramitada porque tampoco fue aportada, es decir, una flagrante vulneración a derechos fundamentales.
Debemos partir de una máxima: “Para perseguir y castigar a quien infringe la ley, el Estado no puede infringir la ley”. Con tal de perseguir al delincuente, el Estado no puede convertirse también en un delincuente. El Estado tiene y nunca debe abandonar su posición ética y de superioridad. El Estado es y debe ser el primero en someterse a la ley, en respetar los procedimientos y actuar dentro del marco de la legalidad.
Quien castiga la ilegalidad y el incumplimiento de la ley, no puede también infringir la ley y después pretender castigar a quien lo hace. En este orden de ideas, lo que queremos decir es que, si Santrich o cualquier otro ciudadano cometió o comete un delito, debe ser juzgado, pero con el apego a la legalidad y el respeto de las garantías constitucionales y legales. El derecho a la libertad es de todos y para todos. Hasta el peor de los delincuentes tiene derechos y estos deben ser respetados.
Finalmente, debemos afirmar que el estado de conmoción interior y la posibilidad de una constituyente deben obedecer a una serie de criterios jurídicos que ya están previamente establecidos y no a políticas de gobierno que, con tal de juzgar a un presunto delincuente, rompe todas las reglas, porque al parecer el fin si justifica los medios. En resumen, parece que una sola golondrina si hace verano.

 

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