Reclamo en inglés, respuesta en español

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Un comerciante está acostumbrado a hacer planes anuales de ventas. Los gremios realizan asambleas para revisar cómo se encuentra el sector y comparar resultados versus proyecciones. Así, por ejemplo, José Felix Lafourie cuando reúne a los ganaderos ricos de Colombia seguramente les pregunta cómo van de cuernos, porque si cada cabeza de ganado tiene cuernos es lógico que se cuente cuantos van a exportar, sacrificar o reproducir en el año que se aproxima y cuantos se hicieron realidad en el anterior.
La Asociación Bancaria, que reúne a cuatro o cinco millonarios dueños de todas las instituciones financieras del país, también hace proyecciones. Claro, ellos no cuentan cuernos sino pobres deudores hipotecarios, tarjetahabientes y otras modalidades que nos aplican para que seamos sacrificados, como los semovientes del otro sector.
Los constructores realizan sus cuentas en metros cuadrados. Los agricultores en hectáreas de palma, de algodón o de caña de azúcar y por supuesto los comerciantes, asociados en Fenalco, revisan resultados y proyectan ventas con sus propias unidades de medición. Con estas proyecciones convive cualquiera de los representantes gremiales y sus respectivos asociados.
Me imagino al ministro de Defensa, Guillermo Botero, cuando dirigía a los comerciantes de Colombia, parado frente a la Asamblea Anual de Fenalco como hoy lo hace frente a filas de soldados. Por supuesto a los comerciantes no los llamaban al orden con un “Firmes, arrr” pero si tenían que hacer el ejercicio de consolidar cifras año tras año ¿Cuántos metros de tela se vendieron por mes? ¿cuántas cajas de margarina se prevé despachar el primer trimestre? ¿cuántos centímetros de grandes superficies habrá disponibles en los próximos 365 días?
De no ser por las cifras los gremios no podrían determinar cómo les está yendo en una u otra coyuntura y cuándo aumentar el volumen de sus quejas para que no les suban impuestos o los claven con acuerdos de libre comercio. Es apenas normal cuando se trata de economía… pero muy raro cuando no se están midiendo cachos, sino cabezas humanas.
Tal vez por esa costumbre tan arraigada en un hombre de negocios como es el ministro Botero, no se le hizo raro obtener de sus generales resultados medibles y verificables, así fuera en operaciones sin el rigor necesario. Lo importante, como en la economía privada, son los resultados sin tener en cuenta los métodos.
Es posible que los muertos se pueden contar, según la nueva concepción militar, como centímetros de mercancía o espacios en una góndola de supermercado, especialmente si son centímetros de ataúdes o metros de fosas comunes. Y por ese pequeño detalle se armó el escándalo cuando un periodista del New York Times recibió copia de las directrices del general Nicasio Martínez a sus subalternos. Debían informar, por escrito y con proyecciones que superaran los resultados del año anterior, las personas que pensaban matar.
Eso es lo que debe hacer un país moderno, pensará el ministro de Industria y Comercio… perdón de Defensa, proyectar operaciones y obtener resultados. Lo demás es simple improvisación y falta de metodología. Las bajas, bajas son con cachos o con cola. Claro, habría que recordarle al efímero presidente de dos días, Guillermo Botero que las fuerzas armadas están para proteger la vida y honra de la gente, ciñéndose a rigurosos protocolos de respeto a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario. No nos trate como vacas, ni más faltaba, porque usted señor ministro no dirige un gremio, sino que encarna la Constitución y las leyes de Colombia.

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