La masacre de las verdades en el reino de las mentiras

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En Colombia la ignorancia da tan buenos resultados, que los corruptos ponen a sus seguidores a bailar champeta oyendo un vallenato del viejo Emiliano.

Si yo pensara como Uribe y sus seguidores en el reino de las mentiras (disculpen que le gaste tanta neurona a ese señor, pero es que es el principal responsable de que nos estemos odiando y matando como dice Gabo: por el simple hecho de existir) diría que Colombia es un país demócrata, libre y soberano donde los derechos humanos son sagrados, pero las guerrillas terroristas están acabando con él y por ello, con “justa” razón, justificaría las autodefensas. Pero como pienso como yo y como los colombianos que todavía no han enloquecido voy a escribir sobre las diferencias entre guerrilleros y paramilitares, no para que los ignorantes dosifiquen el nivel de odio de acuerdo con la culpa de cada de ellos sino para que ellos reflexionen y yo recordarle al país, porque a cada segundo lo olvidan por estar pensando en el baile, la forma como los corruptos han masacrado las verdades en el reino de las mentiras. Los guerrilleros matan porque los corruptos, los mismos que hoy siguen gobernando, los obligaron a refundirme en las montañas y tomar las armas para defenderse de la violencia política y con ella el despojo de sus tierras. Los obligaron a alejarse de sus familias y a cambiar de nombre; los despojaron de la luz eléctrica, del agua helada, de la televisión; viven como animales perseguidos bajando y subiendo lomas a toda hora; defecan y se bañan en pozos; duermen mal y comen peor; viven día y noche con un fisil y un pesado morral al hombro; despojaron a las mujeres de sus maquillajes y sus champuses y andan con las uñas llenas de tierra; soportan fríos y soles inclementes; los persiguen día y noche sin tregua, les atribuyen muertos que no mataron y los muestran en los medios como los peores asesinos y violadores. Los paramilitares en cambio fueron creados por los culpables del nacimiento de las guerrillas, es decir los causantes de la guerra en la que se matan entre sí a pesar de ser pobres, amigos y muchas veces hermanos, con la diferencia que estos no fueron obligados a irse para ninguna parte ni luchan por ninguna causa sino que, por ser ignorantes y por falta de oportunidades, se ven obligados a matar a sus hermanos por una mísera paga. Por eso viven en las ciudades junto con sus familias y amigos, tienen televisores, se bañan en baños, defecan en inodoros, no cargan morrales pero sí fusiles, comen y duermen bien, andan bien vestidos con sobreros finos y toallas en el hombro; los patrones andan en camionetas burbujas, viven en mansiones, comen caviar almas, langostas, toman wiskis de las mejores marcas importadas y tienen mujeres de sobra; festejan sus cumpleaños, se pasean como pedro por su casa en todo el país sin que nadie que los persiga porque el ejército y los más ricos los protegen. Esas son las grandes verdades, las absolutas e irrefutables, pero en el reino de las mentiras han sido masacradas de tal manera que hoy en día, gracias al decisivo y servil aporte de los medios de comunicación de los verdaderos culpables de todo, todo el odio de los ignorantes se ha volcado inclementemente contra las guerrillas que, gracias a la perversidad de los culpables de su nacimiento y expansión, pasaron de ser las consecuencias de la corrupción institucionalizada al supuesto más grave problema que padece el país.

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