Las comunidades de Amuchen, Jamuchen, Garrutay, Ipain y Kaushalechon, son territorios indígenas ancestrales que poco a poco se los ha ido devorando el expansionismo urbanístico del Municipio de Uribia, en cuyos territorios no solo han implantado la laguna de oxidación del Municipio, sino también empresas de Refinerías de Sal y Cal, sin mencionar que por un costado les pasa la línea férrea, por cuya vía transita el tren que lleva “progreso para el mundo y miseria para los wayuu”.

Es decir, estas comunidades están en medio de unas graves afectaciones ambientales que ha venido dejando una estela de muertes de personas y animales productos de la contaminación que perciben a diario.

Cansados de estas graves violaciones a sus derechos humanos como pueblo indígena, el señor Carlos Epieyu como autoridad tradicional y las autoridades tradicionales de las comunidades ya relacionadas, desde el día 3 de Mayo del presente año se declararon en asamblea permanente, instalándose a un lado de la vía que de Uribia conduce a Manaure, en señal de rechazo y resistencia a este inminente exterminio.

Varias ONG de derechos humanos han estado acompañando a estas comunidades, quienes efectivamente se encuentran sitiados por las graves contaminaciones, que en primer lugar les ocasiona la laguna de oxidación que les fuera instalada de manera inconsulta en sus territorios ancestrales por parte de la administración Municipal de Uribia.

Las aguas sucias y putrefactas de esta laguna son consumidas por los animales, que fallecen de manera repentina a causa de enfermedades desconocidas contraídas de estas aguas sucias.

Esta laguna estaría también contaminando los acuíferos que existen en este territorio, ya que, según los habitantes, los pozos que antes utilizaban para captar el preciado líquido, ahora solo emanan agua sucia y putrefacta. Es tanta la contaminación que emana esta laguna que varios niños han fallecido de manera repentina por afecciones respiratorias y ampollas en la piel.

A estas afecciones respiratorias que han dejado una estela de niños jóvenes y ancianos muertos en este territorio, se suma la contaminación de partículas de carbón que esparce el tren a su paso y que se condensa en el aire, junto con la contaminación que esparce las refinadoras de cal y sal que tienen sitiados y rodeados a los indígenas wayuu, dueños ancestrales de estos territorios, quienes habitan esta zona desde hace décadas y mucho antes de la llegada del tren, las refinadoras de sal y cal, incluso mucho antes que la fundación del Municipio de Uribia.

Esto está pasando en los territorios indígenas frente a la mirada indiferente y negligente de los entes de control y frente a la indiferencia de Corpoguajira.

Como ONG de DDHH elevamos estas denuncias y le exigimos a todos los entes de control que verifiquen la realidad de los hechos. Así mismo Nación Wayuu, en cabeza de José Silva, hace un llamado a la solidaridad y pronunciamiento de las diferentes organizaciones de Derechos humanos y/o ambientales para que detengamos esta masacre ambiental en estas comunidades indígenas y no se sigan muriendo sus habitantes.

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