Cuando casi se termina el primer semestre de la carrera de derecho, en la Universidad Simón Bolívar (I-2019), podemos afirmar que nos place hacer parte de esta Institución, y es un orgullo contar con un docente tan sobresaliente como lo es el Licenciado en Filosofía y abogado Reynaldo Mora, quien nos ha enseñado desde su asignatura, Filosofía del Derecho, amar esta carrera, a sobresalir siempre en lo que hagamos y principalmente a formarnos como los abogados del mañana, aportando en cada estudiante un granito de arena en nuestra construcción hacia el éxito (Mora, R. Currículo y saberes en la formación de abogados: propuestas para pensar la educación jurídica. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, 2014). Él en sus encuentros semana tras semana, procuró hacer realidad el mensaje de Marx sobre Feuerbach, en su texto “Tesis filosóficas”, cuando el pensador alemán anotaba, siendo el llamado de nuestro docente “Los filósofos (léase abogados) no han hecho más que interpretar el mundo del mil maneras, de lo que se trata es de transformarlos”; lo anterior, para que diéramos lo mejor como futuros abogados transformadores de la realidad social. Su resultado fueron las diversas publicaciones de sus estudiantes, en lo que él llama “Talleres de Lectura y Escritura desde la Filosofía del Derecho”, arrojando la publicación próxima de su libro “Lecciones Preliminares de Filosofía del Derecho: reflexiones pedagógicas para su enseñanza”, a ser editado por la Universidad Simón Bolívar.
Procuramos en este escrito resaltar lo importante que es para la sociedad contar con abogados íntegros, con principios, basándonos en el contenido abordado en nuestras clases: “Los tipos de abogados”, pero, resaltando uno en específico: “El abogado Júpiter”, que sirve de guía para la sociedad, un abogado ejemplar con principios y valores, teniendo como principal valor la honradez, ya que siempre busca esclarecer los conflictos que se le presenten a sus clientes sin perjudicar a nadie, sólo intentando hallar la verdad. Para poder valorar este perfil, necesitamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Y qué es la formación integral? Es la búsqueda por el desarrollo y orientación clara hacia las diferentes dimensiones o potencialidades que poseemos, como la totalidad del ser humano. No hay formación sin orientación; siempre se forma para algo, con un fin, con una intencionalidad, con un propósito; por eso, el compromiso que asume el abogado es para ayudar a la sociedad a ser mejor, y él debe ser ejemplo de ella, auténtico, capaz de mirar la realidad de una manera lúcida y comprometerse en su transformación, ser crítico, que actúe en coherencia con sus valores y principios.
En otras palabras, se busca formar el abogado que la sociedad reclama, ante todo, competente y reflexivo. Se quiere formar integralmente pensando más en el ser de la persona que en su tener o saber para poder. La formación no es solo la capacitación para acceder a un título profesional, y adquirir prestigio o “status” por ser egresado de tal universidad. Tenemos que lo que refiere a lo integral en el ámbito jurídico es formar un abogado prestigioso, pero con valores, que sea respetado por la sociedad de buena manera, y por supuesto, valorado en su quehacer.
Cuántas veces hemos oído esa frase “a mí vecino le pasó lo mismo y le han dado sus millones”. Pues bien, es ahí donde entra en juego la honestidad de un buen profesional. Aún a costa de perder el cliente, nuestra honestidad radicaría en ser capaces de decirle a ese cliente o potencial cliente que su reclamación se vería en todo caso avocada al fracaso debiendo asumir no sólo el coste de nuestros servicios sino el de los gastos ocasionados a la parte contraria. Por ende, un abogado debe formarse con base a principios. Esta es una profesión tan compleja, pero hermosa. En su interacción con lo social, los abogados son tan necesarios como los médicos para la medicina. (Mora, R. Derecho Educativo. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, 2010). La sociedad confía en los abogados, entregan a ellos sus problemas, ¿por qué querer ocasionarles más problemas por no ser honestos desde un principio? Y sí es cierto, no todos piensan igual, hay algunos que se regirán por una escala de valores y principios, pero no por ello se debe de tildar y generalizar a todos los abogados porque, así como están los malos o corruptos, al contrario hay unos que ejercen esta hermosa profesión como la ley lo exige, honradamente y velando por la integridad de los demás.
El ser abogado es una profesión que demanda autonomía, liderazgo, en tanto los abogados van motivados a hacer de los conflictos de la sociedad, el cambio, y dar posibles soluciones. Una sociedad mejor con realizaciones, es una sociedad que ha formado buenos abogados. Un abogado ejemplar siempre querrá el bien para su cliente, y en muchos casos no solo por el dinero sino porque nacieron con la vocación de defender, de buscar la justicia. ¿No es más que imaginar cómo estaría nuestro mundo sin abogado? Quizás sería un caos, ¡y es tan incomprensible escuchar algunas opiniones negativas hacia esta profesión!, que para la sociedad aporta mucho, no por ello se debe demeritar su ejercicio, sabiendo que, si existen abogados honrados como en el caso del “Abogado Júpiter” que brinda el esclarecimiento frente a la oscuridad que siempre existe en todo proceso social y jurídico (Mora, R. Reflexiones Educativas y Pedagógicas desde la investigación. Tomo V. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, 2012). Es el abogado quien sirve de guía para la sociedad, tal como lo dice Ángel Osorio en su obra “El alma de la toga” (1929), quien nos traza la importancia de “El rol del abogado en la sociedad”, señalando que al transcurrir del tiempo la profesión de abogado se ha venido desprestigiando ya que algunos no cumplen su función como tal y eso genera desconfianza entre particular y abogado y no es la idea, la idea es dar de que hablar por la amplitud de nuestro conocimiento positivamente de manera eficaz (Editorial Cometa, Buenos Aires,1929, 3ª ed.).
En la misma línea de pensamiento, López, G., (La Libertad, Barranquilla, noviembre 23 de 2018, p. 2a) en su ensayo “El abogado que se necesita”, afirma que “El látigo de la ignorancia es quien nos ha lastimado y derrotado frente a una posible solución a las problemáticas del país, por ejemplo, la corrupción, que ha venido azotando años tras años la nación, y no porque no tengamos unos mecanismos legales frente a este grave problema, sino porque nos hemos olvidado del ser, un ser con principios morales y éticos”. Es por ello, que se busca formar abogados íntegros, porque la sociedad los necesita, motivando a los estudiantes de derecho, como lo hace nuestro docente Mora Mora para que emprendamos este proceso de formación como los abogados del mañana, a cambiar el concepto tan cruel que tiene la sociedad de un abogado. ¿Cómo? Siendo honrados, honestos como lo es el “abogado Júpiter”, siendo una mano amiga de la sociedad.
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