Por: Pepe Sánchez 

Hoy, cuando se cumplen 62 años de la caída del General Gustavo Rojas Pinilla –la última dictadura militar en el país- aún se discute si era conveniente para Colombia que ese régimen continuase. Según el diario El Tiempo –que entre otras cosas fue clausurado por el dictador en 1955- en su edición del 23 de julio de 2010, indicó que Rojas planteó una Reforma Tributaria que sólo “gravaba a los ricos”. Por otra parte, el gobierno -señala la publicación- adelantó una serie de reformas sociales por María Eugenia Rojas, la “Capitana” y decretó una Reforma Tributaria que gravaba a los ricos con más intensidad que nunca.

Estos cambios fueron buenos para los sectores populares de las ciudades -sigue diciendo el diario-. También en beneficio de la población desprotegida, se construyeron barrios para la clase más desprotegida, con viviendas que podían ser adquiridas a precios muy bajos y con cuotas muy favorables para la gente de escasos recursos. Esto le granjeó la enemistad con los bancos, que vieron mermadas sus oportunidades de préstamo a los usuarios para tales fines.

ENTRE EL 19 Y 22 DE AGOSTO DE 1955, EL GOBIERNO DE ROJAS SEÑALABA ESTO:

El binomio Pueblo-Fuerzas Armadas que bajo la enseña de la Cruz y de la Espada surgió invencible de los postulados de Paz, Justicia y Libertad, no es una expresión demagógica, sino una realidad actuante.

Comenzó a formarse desde que se estableció el servicio militar obligatorio, hace ya casi medio siglo, y desde entonces se ha ido robusteciendo a través de la vida cotidiana y el permanente contacto entre oficiales y soldados, los que en su mayoría pertenecen a las clases obreras y campesinas, y en su constante paso por los cuarteles, ha sellado la unión material y espiritual de esas dos grandes fuerzas, consagradas al servicio exclusivo de la Patria y de sus verdaderos intereses inmunes al morbo político y dispuestas a demostrar su invulnerable poderío, cada vez que así lo demande la salud de la República.

Es imprescindible llevar a la mesa del pueblo, con el pan cotidiano, el vaso de leche y la ración de carne que nutran al escolar y hagan fuerte al trabajador

ASÍ VIVIÓ EL PAÍS LA CAÍDA DE ROJAS EL 10 DE MAYO DE 1957

“Para evitar que los soldados de esta Colombia inmortal (…) se hubieran visto obligados a defender el orden y la legalidad haciendo uso de las armas, con inútil derramamiento de sangre (…) he resuelto que las Fuerzas Armadas continúen en el poder con la Junta Militar conformada por los generales Gabriel París, Rafael Navas Pardo, Deogracias Fonseca, Luís Ordoñez y el almirante Rubén Piedrahita..” , fueron las palabras pronunciadas a través de la Radio Nacional por el presidente Gustavo Rojas Pinilla, antes de abandonar el cargo con rumbo al extranjero.

Mientras tanto, el diario conservador La Prensa, titulaba en Barranquilla “Se ignora paradero de Rojas” y luego daba paso a la información de que el General Gabriel París, declaraba que se levantaba el estado de sitio en el país. En Bogotá, fueron prohibidas las manifestaciones de todo tipo, en tanto que las emisoras de todo el país, se encadenaban para entregar minuto a minuto, las noticias relacionadas con la partida del presidente y la decisión es que tomaba la Junta Militar que tenía ahora a su cargo los destinos de la nación. La Radio Nacional -y esto se retransmitía por la gran cadena formada por todas las emisoras de Colombia- entregaba la noticia de que había “un desbordado júbilo en las ciudades” y que los “colombianos festejaban alborozados la salida de Rojas”.

De igual manera se reseñaba el retorno al país del expresidente Mariano Ospina Pérez lo que fue recibido con alegría por parte de algunos sectores conservadores. Más tarde nos enteraríamos del emocionado juramento que hiciera el general París, invocando a Dios, de que se llevarían a cabo elecciones para cuerpos colegiados y presidente, lo que ponía fin a la dictadura.

Se dijo también que la Junta Militar actuaría hasta el 7 de agosto de 1958, cuando se posesionara el nuevo mandatario que los colombianos eligieran. A su vez, los dirigentes, Guillermo León Valencia -conservador- y Alberto Lleras Camargo, liberal, pedían cordura a una parte del pueblo que hizo disturbios, demostrando su inconformidad con la salida del anterior presidente. Pero a pesar de estas pequeñas manifestaciones, lo cierto es que el país estaba en calma y así lo indicaron los periódicos y antes, la gran cadena a radial que seguía paso a paso los detalles de la situación.

La prohibición de alardes públicos hecha por la Junta Militar, no había tenido efecto. Las emisoras integradas señalaban que en Cali, Bucaramanga, Medellín, Barranquilla y Bogotá, la gente seguía en las calles, testimoniando su adhesión al cambio, y a los dirigentes liberales y conservadores. Colombia enfrentaba un cambio de políticas, a un cambio de régimen y muchos ya comenzaban a prepararse para ser candidatos a los diferentes cargos. Guillermo León Valencia y Alberto Lleras Camargo, ya eran aclamados como aspirantes a la presidencia.

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