‘El Cabrero’ reclama autoridad

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“Añoranzas de El Cabrero” es un libro en el cual el desaparecido profesor, historiador y exmagistrado Alvaro Angulo Bossa recopiló las principales columnas que durante varios años, para deleite de sus lectores, escribió en el diario “El Universal” de Cartagena, en las cuales evocó episodios humano artísticos e históricos ocurridos en el barrio de ese nombre, y de los personajes que en ellos intervinieron, incluído él mismo. En ese lugar transcurrieron sus años mozos y parte de los de otros ilustres cartageneros, como el cuatro veces presidente de Colombia, Rafael Núñez Moledo, inspirador y coautor de la constitución política de 1886 que rigió por más de 100 años, en cuyo honor se conserva su vivienda convertida hoy en museo de apetecida visita de nacionales y extranjeros, al igual que el parque y la capilla religiosa en donde yacen los restos de aquel y los de su cónyuge, Soledad Román de Núñez.
La configuración material y escénica del istmo de El Cabrero lo ha convertido en un atractivo polo de desarrollo urbanístico, en el que aún quedan algunas de sus viejas edificaciones de estilo republicano, al lado de las cuales se han levantado grandes y modernos edificios, lo que lo ha densificado y acrecido considerablemente su área vertical, sin que esta ocurrencia haya ido pareja con el ensanche de sus servicios de acueducto, alcantarillado y energía eléctrica, y del saneamiento del lago de su nombre que colindaba con la erradicada barriada de Chambacú, y del que en materia de seguridad ahora, en su orilla nororiental, se vienen ocupando en forma esmerada sus habitantes con ayuda de la policía, para evitar que el mangle que lo bordea se convierta en basurero y refugio de drogadictos y malhechores.
En su expansión horizontal y vertical se advierte en la carrera tercera o avenida Soledad Román, que gran parte de los edificios construidos o en construcción que tienen su frente hacia ella se hallan al borde de la vía, sin retiros suficientes para que en el futuro estas puedan ser ampliadas, e incluso sin calles tansversales de tránsito automotor, y las de carácter peatonal, con una sola excepción, son estrechas. Igualmente, hay otras circunstancias que afectan de manera grave el espacio público, como sucede con un edificio en construcción para uso hotelero y ya casi finalizado, situado en la esquina de la avenida Santander con la calle 42, en el que acaban de construir una verja fuera de alineación, que disminuye el ancho del andén de circulación peatonal en más del cincuenta por ciento, de lo cual ya ha sido informado el alcalde, Pedrito Pereira, para que provea el pronto correctivo, pues una impensable omisión generaría responsabilidad por quebranto a las normas de urbanismo.
En el aspecto movilidad, asimismo, es notorio el uso indebido de la Calle Real como aparcadero de autobuses de empresas de transporte y taxis que dificultan el desplazamiento por ella, lo mismo que la venta de comidas rápidas y licores en antejardines que agravan lo anterior, y atraen en enorme descontrol la clientela de bañistas que usualmente disfrutan de las playas sobre la avenida Santander. Los problemas anotados están dañando la tranquilidad y belleza del sector, y van a aumentar si las autoridades que tienen a su cargo la planeación, el uso del espacio público, la seguridad, el tránsito y la Alcaldía, ésta última, como aglutinadora de todas las anteriores, no le hacen frente a todo ello sin dilación alguna. Gran parte de lo anotado debe tener solución expedita y así debe entenderlo el gobierno local, que por los antecedentes positivos que se tienen de la gestión adelantada por su jefe en lo transcurrido del encargo transitorio, cabe esperar soluciones efectivas y rápidas, pues además, no requieren de exigencias económicas o presupuestales, sino de autoridad. El Cabrero espera oportuna atención, y el Estado, en lo Distrital, no puede desoir ese clamor.
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