“Dios, que todos los pueblos te alaben y te den gracias”

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Escuchemos la palabra del Señor reflexión dominical

Paz y Bien en el Señor

Hoy pidamos al Señor que tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros tal como lo expresa el salmo 66 de la liturgia de hoy sexto domingo de Pascua. Cuando en el hogar se clama a Dios, es decir se pide su protección, su presencia, el Señor entra a reinar, a Llamar, a bendecir, a cuidar, a proteger todo lo que más amas. Incluso se llena de luz tu vida y tu rostro se va a mostrar en paz ya que tu existencia ha tomado en humildad la confianza en Jesús vivo.

Tal como enuncia el evangelio de hoy (Juan 14, 23-29) “El que ama guarda mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él”. Por tanto, si le abres la puerta de tu vida, de tu corazón, de tu casa al Dios de la Vida llegará y hará morada en ti, pero para que esto suceda es necesario comprometerse con su Palabra, es decir dar un No rotundo a todo lo que dañe la paz en tu vida, podría ser el trago, la infidelidad, el desorden de vida en varios aspectos y comenzar un camino distinto al que la sociedad te invita a vivir. ¿De qué te sirve buscar una supuesta “paz” en cosas o situaciones tan superficiales en borracheras o farras que a la vuelta del día vas a sentir oscuridad y vacío en tu corazón? El despertar después que en conciencia se ha fallado a las personas que amamos es terrible y genera desespero.

Jesús te invita hoy “la paz os dejo, la paz os doy, no la doy como la da el mundo, que no tiemble tu corazón, ni se acobarde”. Asumir la Palabra del Señor implica sacrificios grandes y además salir de la situación “cómoda” que da el pecado implica un dolor ya que, al salir de esa situación de superficialidad, tus propios amigos o vecinos te criticarán y te dirán porque ese cambio, que la vida es una sola para gozarla y más nada.

En una sociedad Colombiana donde se manosea la paz como algo privativo de sólo algunos sectores, es urgente volver la mirada ante el Dios de la vida que nos ha creado para ser salvos, libres y en verdadera Paz que inicia desde el respeto y amor a mi ser personal, a mi familia, a mis vecinos y a aquel que para mí es extraño pero lo reconozco como caminante del mundo al igual que yo y que está buscando desarrollar su humanidad en paz.

Por otra parte, en la primera lectura de hoy Hechos 15,1-22, nos expresa una sentencia para todo el seguidor del Señor: “No se contaminen con la idolatría”. Si observamos el mundo en que vivimos, la idolatría está demasiado cerca de nuestras vidas, adulamos seres humanos, gente del medio comercial o artístico, deportivo, incluso a nivel religioso y perdemos el rumbo y en ocasiones se les da poderes propios, apartándonos del sentido verdadero del único que tiene el poder de sanar, bendecir, restaurar, el único nombre dado para alabar; Jesús Nuestro Señor. Por último, pidamos al Señor mucho discernimiento y tesón de fe para no caer en excesos de exaltación a seres humanos que no salvan y a personas con algún distintivo ministerial o pastoral que solos sin la presencia y el Don del Señor nada pueden hacer.
Bendiciones en Jesús y María

Padre Pepe Pimienta B.

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