Crónicas de ciudad

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El día llega a la mitad de su peregrinar diario y la metrópoli muestra su cara más tenue, tediosa y fatigante. En cada rostro de quienes habitan sus entrañas se dibuja la angustia por seguir el paso demoledor e implacable de Cronos para continuar en la brega por sobrevivirle veinticuatro horas más a la vida.
Silencio en la oscuridad
Presumimos que es el final del recorrido diario y pareciera que Cronos debe retirarse a sus aposentos. En cada resquicio de la mole pétrea campea un crujiente silencio, avisando que a esa hora todos están en poder de Morfeo, y que el viaje continuará una vez el señor del tiempo despierte. Sin embargo, las titilantes lucecillas que se advierten bordeando la metrópoli – indican que no hay tregua muy a pesar del cansancio de Cronos y el poder somnífero de Morfeo. Solo es el silencio de trompetas anunciando otro brevísimo receso en el eterno camino.
Vampiros
Son seres cuyo proyecto último es transferirnos a sus huestes y hacer la conversión de su mundo al nuestro. En ello han invertido todo lo que llevan de existencia, tratando de derribar los bastiones morales y éticos nuestros, cosa lograda en gran medida hasta hoy. No obstante, la infranqueable barrera que representa el hecho de ser el resultado de la imaginación cerebral, los ha mantenido en desventaja desde siempre; por eso han vivido en la sombra sin poder acercarse a la luz de la razón, pues desde ella emergerá el rayo ultravioleta que los incinerará y enviará definitivamente al inframundo, madriguera de donde nunca debieron salir.
Los pobres
Vinieron al mundo con el hambre tatuada en sus rostros, la ignorancia a cuesta y la desesperanza como enfermedad congénita convertida en pandemia entre ellos. Quizás por esa razón, sus horizontes no van más allá de los que el sol delimita iluminando el sempiterno sendero que los lleva al encuentro con el bocado del día.
Metroespecie
Sus primeros pasos los dan a la velocidad de la luz, para luego convertirse en los más avezados cibernautas y empezar a perder la habilidad de hablar. Como resultado de ello ha tenido su génesis una nueva especie, cuya característica principal es la de no reconocer los más primarios signos de humanidad.
Agujero negro
Succiona todo con fuerza arrasadora, lo atrae, lo tritura y hace parte de su núcleo. Su centro de gravedad social amelcocha todas las corrientes étnicas, económicas y culturales, destilándolas hasta volverlas otra cosa muy distinta a las de su origen. Es la metrópoli: en ella todo lo que cuenta la historia y tejen los pueblos como manera de ser tendrá un nuevo vestido: El que diseña y elabora el sincretismo citadino.
El color verde
Dicen que es el color de la esperanza, pero desde hace bastante no se avista, no se tienen indicios de su paradero. Nadie en la metrópoli sabe de él. Es posible que inclusive – haya desaparecido del imaginario citadino y en estos momentos esté prisionero en las mazmorras de la ambición desmedida y el espíritu desnaturalizador, de los amos y señores que rigen los destinos de cada aldea pétrea.
Metrópoli adolescente
Viven metidos en el ciberespacio, tanto y a tal punto, que sus movimientos no tienen el color de la primavera, ni sus danzas muestran la cadencia rítmica de su edad. Deambulan por calles y buses como autómatas metidos en su individualidad mediada por la red. Parece que su destino definitivo será necesariamente el universo de lo intangible, mientras los afectos arrumados de sus familias yacen en alguna esquina olvidada de la aldea pétrea. Algunos todavía guardan la esperanza de que estos últimos tengan salvación cambiándoles el formato orgánico por el holográfico.

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