Cuando restaurantes exhiben en sus entradas un letrero que dice: “Nos reservamos el derecho de admisión”, tienen la facultad de hacerlo, de la misma forma tiene usted apreciado lector el derecho de permitir o impedir que ciertas personas entren a su casa, y a un nivel superior de análoga manera tienen las naciones o estados la potestad de admitir en su territorio a las personas que deseen, y a rechazar a aquellas cuya entrada consideren inconveniente a ese país, adjudicándoles o retirándoles sus visas de manera unilateral y sin explicación, en lo que se llama soberanía, que es el patrimonio más sagrado que posee una nación.
Ese patrimonio sagrado de cualquier país que es la Dignidad ha sido tirado a la caneca de la basura, por el interés mezquino y el rabo de paja de quienes detentan el poder en Colombia, mucho más ahora desde que Duque llegó al poder hincado de rodillas, primero ante su jefe Uribe, y luego ante dignatarios de otros países considerados importantes o poderosos, como su humillante visita sin invitación previa, al Rey de España, en una actuación de mensajero para llevarle “saludos del “presidente” Uribe que lo quiere mucho su majestad”, y luego ante el Presidente Trump para recibir una buena reprimenda por su falta de acción en la lucha contra las drogas. No ha tenido el presidente Duque los pantalones para destituir al Mindefensa Botero por la barbaridad cometida al justificar el asesinato del desmovilizado de las Farc, Dimar Torres, ni para exigirle al embajador ante la OEA Alejandro Ordóñez rectificar sus arbitraria declaración sobre la migración venezolana.
Esa falta de dignidad del presidente Duque para salir al frente cuando la soberanía y el honor del país son vulnerados, se revela de manera vergonzosa, por no atreverse a exigir de manera altiva a cualquier gobierno que ose presionar o injerir en asuntos internos, y mucho más grave, en fallos y decisiones judiciales, como acaba de ocurrir con tres magistrados de las altas cortes y un congresista, que sin estar incursos en problemas de corrupción, narcotráfico o terrorismo, coincidencialmente en momentos en que deben emitir un fallo trascendental sobre las objeciones a la JEP y sobre la prohibición del glifosato, les retiraron las visas, en una decisión soberana del gobierno norteamericano, ante lo cual “nuestro” “presidente” Duque en lugar de exigir respeto a nuestras instituciones, ha bajado la cabeza y solo ha dicho que respeta la soberanía de ese país para dar y quitar visas, lo cual es cierto, pero tibio y pálido para defender la autonomía de los magistrados ni la independencia y majestad de la justicia.
En una reunión política en Pereira a la que asistía Uribe dijo: “Me preguntan desde Bogotá si el Centro Democrático ha propuesto le quiten la visa a los magistrados de la Corte Constitucional”. Y en momentos en que la justicia atraviesa por uno de los momentos más críticos de su historia, el expresidente contestó: “Hoy estamos haciendo una propuesta para construir el teleférico entre Santa Rosa de Cabal y la Laguna del Otún para que puedan ver la belleza del Parque de los Nevados.” Ahí tienen a Uribe y a los uribistas de cuerpo entero, que con sus sesgos, esguinces, mentiras, deslealtades, cinismos aspiran a seguir hundiendo al país.
Pero como dice el poeta, “no todo está perdido” porque resulta que la Corte Suprema de Justicia acaba de recusar y apartar a la mayor retirada Cristina Eugenia Lombana, recusada por el senador Iván Cepeda como magistrada en dos procesos que cursan en ese tribunal por manipulación de testigos contra el senador Uribe, porque pertenecía al ejército durante el gobierno de éste y porque trabajaba para Jaime Granados, el abogado personal del expresidente, decisión esta que le confiere mayor transparencia y credibilidad a la justicia colombiana.

Comentarios