La inseguridad socava la confianza

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El tema, no es nuevo. Pero tampoco por serlo, debe quedar rezagado entre los otros muchos que son objeto de debates y análisis, en el concierto nacional.
Menos, cuando se ha convertido con el correr de los días en un hecho preocupante y dentro de la percepción ciudadana alcanza niveles que superan el 80 por ciento, con tendencia al alza, en razón a esa ola de atracos callejeros y hurtos a mano armada que se ha ido extendiendo a toda la geografía colombiana.
La situación no solamente se circunscribe a una región, ciudad o zona rural en específico; no, el hecho radica en que esa actividad ilícita, amparada en más grupos criminales o en la reorganización de las existentes, está latente en cada población haciendo daño y expandiendo sus tentáculos delictivos, sin que hasta el momento la reacción de las autoridades alcance los niveles esperados por la comunidad.
Es muy cierto que golpes certeros se han dado a esas organizaciones denominadas ahora como las bacrim –bandas criminales– y que la inversión para la fuerza pública se ha incrementado, incluso más miembros llegan cada día a las escuelas de formación, pero la tendencia que está marcando esa percepción de inseguridad es una realidad que no puede esconderse y que por el contrario amerita un análisis de fondo, con la participación de todas las entidades competentes, del sector privado y las organizaciones comunitarias, para que las conclusiones permitan establecer verdadera políticas de seguridad.
Resulta evidente que mientras esas deliberaciones se dan y se esperan las conclusiones, la respuesta policial debe enfocarse hacia el desarrollo de una labor de inteligencia más efectiva, así como ejecutar de inmediato planes de choque que le permitan a la ciudadanía recuperar su confianza y acompañe con mayor decisión a la fuerza pública, mediante la denuncia de los hechos.
Otro elemento a tener en cuenta, y que consideramos uno de los más esenciales en esta lucha, es el papel del sistema judicial. Comprendemos que la congestión de procesos, el poco personal disponible, así como el número de despachos o el ínfimo presupuesto, son factores determinantes para mantener bajo el nivel de efectividad de la justicia, pero mientras ello no se corrija tampoco el índice de inseguridad se reducirá. No debe olvidarse que en el país la reincidencia delincuencial es elevada y en ello tiene gran injerencia el que los antisociales una vez son capturados salen libres rápidamente, para volver a cometer más delitos.
Lo primordial ahora es afrontar con detenimiento este oscuro panorama que se cierne contra la ciudadanía y centrar la atención en las medidas coordinadas que se deben adoptar por parte de la Policía y las autoridades civiles, con miras a contrarrestar ese accionar delictivo que está socavando peligrosamente la confianza ciudadana y puede despertar nuevas formas de violencia.

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