La axiología en el derecho

370

Para comenzar este ensayo partiremos por definir de forma conceptualizada la pirámide axiológica, guiándonos desde las clases impartidas por el docente Reynaldo Mora Mora, en la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, en el primer semestre de Derecho (2019-I).
La axiología estudia los valores personales. Según él, “La axiología es el sistema formal para identificar y valorar los valores. Es la estructura de valores de una persona la que le
brinda su personalidad, sus percepciones y decisiones.” Por tanto, la personalidad de las personas viene caracterizada por su escala de valores, es decir, desde lo que ella considera menos importante hasta lo que considera más importante. 
Pero… ¿Qué es un valor? Pues un valor es algo importante para ti y que te hace feliz, (recordamos que la felicidad es el objetivo máximo de cualquier ser humano) por ejemplo, el respeto. Y… ¿Un contravalor? Pues un contravalor es algo que te promete la felicidad pero no te la da, como por ejemplo, el dinero. En resumen, cada persona puede tener su
propia escala de valores, aunque dentro de ella también se pueden encontrar contravalores.
Depende de la persona. Esa escala de valores de la que hablamos se ve bien reflejada en un esquema llamado Pirámide de Maslow, creada por Abraham Maslow en 1934, pretende organizar las necesidades humanas (recordando que pueden ser valores o contravalores cada una de ellas, dependiendo de la persona) Con este objetivo, la pirámide comienza con las necesidades fisiológicas, y continúa con las necesidades de seguridad, las de aceptación o afiliación, las de reconocimiento y, por último, las de autorrealización. Si una persona tiene sus necesidades básicas (fisiológicas y de seguridad) cubiertas, tiene más facilidades para llegar a conseguir el resto de las necesidades. 
Aunque aquellas personas que apuntan o alcanzan las necesidades de autorrealización, no necesitan de las necesidades básicas, pues se han autorrealizado. Este tipo de necesidades sacan lo mejor de uno mismo. Sin lugar a dudas los valores morales deben ser la base para todo, le siguen los valores espirituales, que nos ayudan a la relación con Dios, los físicos que se refieren a la salud, al bienestar físico (los valores biológicos tienen el mismo enfoque que los físicos según nuestra investigación), le dimos prioridad a estos valores porque primero encaminan al hombre a ser más humanos, a su desarrollo y con las relaciones con las demás personas. 
Seguimos con los intelectuales y culturales, aquellos que desarrollan la sabiduría, la
inteligencia y las tradiciones de las personas, importantes también para su futuro y para
conocer las costumbres propias. Los económicos y sociales al final de la pirámide porque
se refieren a las riquezas y al poder, y aunque permiten un nivel excelente en cuanto al
confort y la seguridad económica, no aportan para el desarrollo individual de las personas.
Encontramos también que los valores biológicos también van encaminados a la satisfacción
personal, al bienestar pero desde un punto de vista de placer y que a pesar de todo no
identifica al hombre como humano, que es a final de cuenta el orden que escogimos,
encaminados a la construcción de nuestros propios destinos. El desarrollo humano es un
enfoque alternativo que trata de orientar las estrategias y las políticas de desarrollo,
enfatizando que su fin es la gente. Las oportunidades que valoran los seres humanos son
infinitas y cambian a través del tiempo. Sin embargo, independientemente del nivel de
desarrollo que tenga un país, las tres oportunidades esenciales para la gente son: a) disfrutar
de una vida prolongada y saludable b) adquirir conocimientos y c) tener acceso a recursos e
ingresos suficientes para mantener un nivel de vida decente. Así, el objetivo básico del
desarrollo humano es el de generar un ambiente adecuado para que los seres humanos
disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Esto lleva a anticipar que un país
con rápido crecimiento económico y lento desarrollo humano no logrará mantener su nivel
de actividad económica y acelerar su desarrollo humano. 
De manera que el diseño de política económica debe ocurrir en un contexto de consistencia
temporal y sostenibilidad. Según Sen (1998), cabe preguntar si el hecho de reconocer la
importancia del capital humano ayudará a comprender la relevancia de los seres humanos
en el proceso de desarrollo. Si en última instancia se considerara el desarrollo como la
ampliación de la capacidad de la población para realizar actividades elegidas libremente y
valoradas, sería del todo inapropiado ensalzar a los seres humanos como instrumentos del
desarrollo económico. No obstante, surge el imperativo de formar líderes centrados en
valores, capaces de fomentar una acción administrativa enfocada en relaciones de
cooperación y centradas en la credibilidad, orientando políticas públicas a la satisfacción de
los intereses, necesidades y expectativas de ese ciudadano como valor emergente que
garantice la construcción de consensos entre los actores involucrados. Es necesario, por
tanto, recordar que las organizaciones se componen de personas; pero también que en ellas
existe un procedimiento aceptado, más o menos explícito, a través del cual se toman las
decisiones, de suerte que el responsable de las decisiones tomadas no es cada uno de los
miembros de la organización, sino ésta en su conjunto. 
Así, la estructura de la organización le dota de rasgos esenciales, para considerarla un
agente ético-competitivo; tales rasgos forman parte de su cultura organizacional y la
definen como organización humana. En virtud de ello, surge la necesidad de abordar una
reflexión sobre la necesidad de vincular los valores desde las principales teorías
axiológicas: cualidades apriorísticas e independientes de las cosas y los actos humanos. La
dirección ética ha de regirse por unos valores centrados en la integridad, entendiendo ésta
como un valor ético (Mora, R. Currículo y saberes en la formación de abogados (2014).
Propuestas alternativas para pensar la educación jurídica, Ediciones Universidad Simón
Bolívar, Barranquilla). En este sentido, se debe buscar una dirección ética basada en la
integridad, lo cual tiene como consecuencia la construcción de confianza y credibilidad.
Las organizaciones se componen de seres humanos, pero también en ellas existe un
procedimiento aceptado, a través del cual se toman las decisiones, de suerte que el
responsable de las decisiones tomadas no es cada uno de los individuos de la organización,
sino la organización en su conjunto. 
Pero, es la estructura de la organización la que le dota de diversos rasgos esenciales para
considerarla como un agente moral; tales rasgos forman parte de su cultura institucional y
la definen como organización humana. Señala García (1998), cuando se refiere a la cultura
institucional, cómo ésta es una variable independiente o metáfora de la organización en su
conjunto, donde expresan valores, creencias e ideales compartidos. Agrega cómo la
incorporación de dicha cultura en la vida cotidiana va generando ese ethos institucional, esa
identidad, referida a la identidad moral que define el horizonte de cualquier organización;
es decir, la toma de decisiones, el valor de la identidad institucional y su identidad social.

Comentarios