Al estilo cangrejo

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En el manejo de las relaciones internacionales el actual gobierno no está siendo afortunado, ni serio. Las actuaciones de sus miembros más encumbrados, comenzando por el jefe del Estado, seguido por la vicepresidenta, el canciller y los embajadores en Washington y la OEA preocupan y hasta son motivo de burla. Con muy raras excepciones en Colombia jamás había sucedido algo así. Y acaso el oso de otro presidente años atrás fuera menos extravagante, cuando casi al finalizar su mandato, hizo una gira por Europa — que en realidad fue un disfrazado viaje de recreo — en compañía de su familia, de algunos ministros y amigos, sin que mediara invitación de ninguno de sus pares de los países visitados, ni asuntos para tratar con ellos. Preocupación se siente, porque al hablar o callar oficialmente en el extranjero, sin madurez, precaución ni reato, se puede comprometer al país en situaciones de peligro o inconvenientes, o dejar la huella equívoca de que los colombianos marchamos sin rumbo.
El 6 de julio de 2018, un mes antes de que el presidente Iván Duque asumiera su cargo, fue al palacio de la Zarzuela, en Madrid, a ver al rey Felipe VI, y el detalle más sobresaliente de esa visita fue el cumplimiento del encargo personal que, al parecer, el primero de aquellos recibió de los expresidentes Uribe y Pastrana, de que saludara al monarca en sus nombres. “Le manda muchos saludes su gran amigo el presidente Uribe, que lo quiere mucho”. Literalmente, fueron las palabras recogidas por los medios de comunicación, con el añadido del mensaje similar de Pastrana. En esa actitud, que el visitado recibió extrañado y con rostro de sorpresa, pudo haber influido la nula experiencia del recién electo mandatario y su inocultable y tal vez desbordado ánimo de agradar a los prohijadores de su triunfo electoral. De donde se concluye que aún en circunstancias intrascendentes, no sobra un mínimo de ponderación y de tacto, pues aun cuando fuera un acto de protocolo, como en efecto lo fue, en ellos se valoran la personalidad y la aptitud de los participantes por su categoría oficial.
Cosa lamentable y peor fue el rendido silencio del presidente Duque el 13 de enero del presente año, en la rueda de prensa a la que asistió junto a su colega Donald Trump, durante la visita de Estado que hizo a Washington, en la que éste se refirió a la posibilidad de una intervención militar en Venezuela, y a la forma indirecta y escurridiza como también aludió mucho después, a las críticas del gobernante norteamericano, quien le dijo que desde que asumió la presidencia, en Colombia ha aumentado la producción de cocaína en un 50%. En la misma línea, es también por lo menos desconcertante la declaración de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien por ser partidaria de la fumigación con glifosato, dejó en entredicho a la Corte Constitucional ante el secretario de defensa, Patrick Shanahan, en la entrevista que tuvieron en los Estados Unidos, al expresar que el gobierno espera que aquella facilite las cosas, como si esa corporación actuara por capricho o tozudamente, y no a través de razonamientos jurídicos y realistas acerca del daño que ese químico produce a la salud y al medio ambiente. Para cerrar el círculo, el embajador en Washington Francisco Santos Calderón se solaza haciendo público su deseo de una intervención militar en Venezuela; el embajador en la OEA, Alejandro Ordóñez, incurre en el exabrupto de calificar de infiltrados para impulsar el llamado socialismo del siglo 21, a los venezolanos que se han refugiado en nuestro país, y por último, la desmesurada, torpe y fallida salida del canciller Carlos Holmes Trujillo, quien como claro desafecto de la justicia transicional, pretendió impedir que la Jurisdicción Especial de Paz, (JEP), realizara en Jamaica una audiencia sobre sus avances ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En lo internacional, pues, al país se lo está haciendo aparecer como una chancleta y caminando hacia atrás como el cangrejo.

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