Las EPS y la medicina subsidiada

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Siempre hemos dicho que Colombia es un país de paradojas y una de ellas es su sistema de salud, que elogiado e imitado en otras naciones, está al borde del colapso por la insatisfacción que generan entre sus usuarios las Empresas Promotoras de Salud-EPS.

Es cierto, Colombia nunca había tenido indices tan altos de cobertura en salud, ni destinado tantos recursos para financiar este sector, para el cual aparecen en el presupuesto de 2019 recursos por la bicoca de 30 billones de pesos, sin embargo tal cifra contrasta radicalmente con la calificación que los ciudadanos le dan al Gobierno nacional en torno al manejo de este sistema.

Según recientes encuestas, ocho de cada diez colombianos desaprueban la forma como se están enfrentando los problemas de la salud y piensan que la calidad sigue empeorando, de acuerdo a este sondeo la opinión publica le pasa una cuenta de cobro al Gobierno por una crisis que no hacho más que profundizarse con el correr de los años.

Por esto los cambios deben ser estructurales dentro de un debate que parta del objetivo prioritario que consiste en crear un modelo realista, que resuelva uno de los problemas más graves del país: la prestación del servicio de salud para los pobres.

Las reformas y los cambios del sistema de salud para la gente pobre del país, no sólo deberá introducirse en artículos, parágrafos e incisos, sino también en los requerimientos para la formación de los profesionales de la medicina, para que el servicio que ofrezcan sea más humanizado.

La prestación de la atención en salud no se puede pensar solo con el bolsillo, y la ciencia que es universal e infinita, debe servir a toda la humanidad, sin importar la raza, condición social, edad, sexo o creencias religiosas, es decir existe la necesidad de humanizar la medicina para los pobres.

Lo que se requiere es que se le brinde la oportunidad a millones de personas pertenecientes a los estratos bajos, es decir de escasos recursos económicos, para que así éstos puedan llegar a un consultorio médico y ser atendidos por un facultativo, de manera oportuna.

Son muchos los ciudadanos que han fallecido en las puertas de los hospitales, o que si llegan a los consultorios no tienen la más mínima esperanza de encontrarle remedio a sus padecimientos físicos, que después se convierten en trastornos psicológicos por el inhumano tratamiento que allí reciben.

Que existan más recursos para la salud y oportunidades para los menesterosos, es algo que para nosotros es de mucha importancia, en este caso la clase política y los dirigentes de distintas índoles, no sólo deben velar porque así ocurra, también es necesario trabajar por lograrlo, deponiendo intereses personales y politiqueros, frente a los que atañen a la ciudadanía en general.

Al parecer todas las partes tienen razones para justificar sus falencias, pero muy pocos aceptan que no han hecho lo suficiente para que el modelo, que se ve tan bien en el papel, se traduzca en una población satisfecha con los servicios que recibe.

Ahí está el meollo del asunto, porque mientras el Gobierno, EPS y usuarios no jalen para el mismo lado, los jueces y no los médicos, serán quienes sigan decidiendo si una vida está en riesgo o no. Y será difícil cumplir la meta de beneficiar a 42 millones de colombianos fijada por el gobierno del presidente Santos para lo que falta de su mandato.

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