¿Colombia es el cuarto país más desigual del mundo?

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Esta fuerte declaración tuvo lugar en la sesión plenaria del Senado en el que se discutía lo concerniente al Plan Nacional de Desarrollo. Explicó el Senador Ponente, que Colombia es el cuarto país más desigual del mundo superado solo por Sudáfrica, Haití y Honduras.
Como siempre ha sido y seguirá siendo nuestro objetivo analizar los hechos jurídicamente relevantes, estas declaraciones no pueden ser pasadas por alto, toda vez que al parecer se vislumbra una confusión en conceptos propios del derecho. Jurídicamente hablando ¿Qué es la igualdad? ¿Es correcto afirmar que todos somos iguales? ¿Qué contexto jurídico tiene la igualdad en Colombia? Empecemos.
Manifiesta el artículo 13 de la Constitución “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica”. Esta primera parte del artículo constitucional declara, en concordancia con los tratados internacionales una concepción de igualdad y libertad como un reconocimiento que hacen los estados a todas las personas. Es decir, se consagra que por el simple hecho de ser personas se gozará de los mismos derechos, protección, trato y oportunidades.
No obstante, el mismo artículo que consagra la igualdad sin distinción establece: “El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados”. Si todos debemos recibir el mismo trato por parte de las autoridades ¿por qué se deben adoptar medidas en favor de ciertos grupos? ¿Adoptar medidas en favor de ciertos grupos es desconocer y ser desigual con los otros? Sencillamente no. Lo anterior por cuanto ¡NO SOMOS IGUALES! En ningún aspecto los somos. Biológica, sicológica, ni jurídicamente hablando lo somos y como esto es así, la concepción que sobre igualdad se tiene debe ser también diversa.
La Corte Constitucional en diversos pronunciamientos ha sido clara en afirmar que en lo que a igualdad se refiere se deben tener en cuenta varios asuntos. En primer lugar, existen dos tipos de igualdad la real y material. “El principio de la igualdad es objetivo y no formal; él se predica de la identidad de los iguales y de la diferencia entre los desiguales. Se supera así el concepto de la igualdad de la ley a partir de la generalidad abstracta, por el concepto de la generalidad concreta, que concluye con el principio según el cual no se permite regulación diferente de supuestos iguales o análogos y prescribe diferente normación a supuestos distintos. Con este concepto sólo se autoriza un trato diferente si está razonablemente justificado. Se supera también, con la igualdad material, el igualitarismo o simple igualdad matemática. La igualdad material es la situación objetiva concreta que prohíbe la arbitrariedad” (Sentencia T – 432 – 92).
Armando el rompecabezas que hemos presentado en todas sus piezas llegamos a la conclusión de que, en lo que a igualdad se refiere se permite un trato preferencial a unos que a otros ¿por qué? Porque no todos somos iguales. El verdadero postulado de la igualdad es que se debe tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales. Nos guste o no, suene o parezca extraño, las personas estamos en condiciones jurídica, social y políticamente diversa. Quiere decir que debe existir un concepto distinto que justifique, no solo lo que el Senador quiso decir sino también la diferencia de trato por parte de las autoridades a unos determinados sectores de la población.
Es aquí donde aparece el concepto de Equidad. Equidad e igualdad tienen la misma raíz etimológica, pero entre ellas existe una delgada línea que las separa. Se parecen, pero no son lo mismo. Diferenciemos. Hablar de igualdad supone la idea de criterios de trato que tienen como objetivo eliminar la discriminación, mientras que la equidad es dar u otorgar a cada cual lo que le corresponde.
Ubiquemos entonces los conceptos a la luz de las declaraciones del congresista. En Colombia todos tenemos acceso en criterios de igualdad a condiciones de vida mínimas, tales como los servicios públicos básicos de salud, educación y seguridad, entre otros. El acceso a los servicios públicos no depende de criterios como raza, estrato socio económico, sexo, sino que todos, en igualdad de condiciones, tengamos o no recursos para el pago de estos podemos acceder y gozar de los mismos. En ese orden de ideas, desarrollar políticas públicas con el objetivo de cerrar la brecha social y equilibrar las cargas es un criterio de equidad no de igualdad. Pretender darle a cada quien lo que necesita o lo que le corresponde es a todas luces uno de los objetivos de la equidad, no de la igualdad porque la misma ya está garantizada.
En este orden de ideas, Colombia no es uno de los países más desiguales, sino un país con un alto grado de inequidad, porque las cargas sociales se encuentran desequilibradas. Si bien no somos el país de las maravillas, podemos afirmar que condiciones mínimas de vida se encuentran garantizadas. Se permite que ciertos grupos, tales como los estratos altos subsidien a los estratos bajos, esto no es igualdad pero si es equidad. El que todos tengan acceso es igualdad, pero el que no todos paguen lo mismo pero si disfruten de lo mismo es equidad. En ese orden de ideas, se justifica que el que tiene más pague su propio consumo y subsidie el consumo de los estratos más bajos, esto no es necesariamente justo pero si equitativo.
Finalmente, otro concepto propio del derecho constitucional en materia de igualdad es la llamada discriminación positiva y no es otra cosa que la justificación de un trato diferencial para beneficiar a ciertos grupos por encima de otros. Es decir, acepto y declaro que eres distinto, no para perjudicarte sino para beneficiarte. En conclusión, Colombia es lógico que sea uno de los países más desiguales del mundo, lo que es inaceptable es que sea uno de los países más inequitativos del mundo. Se puede justificar la desigualdad pero nunca la inequidad.

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