El “accidente” de la paz cercenada


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El único consuelo que me queda para poder respirar un poco menos horrorizado es que
todos los colombianos olvidando muchos el odio estén indignados por la forma y
circunstancias como fue asesinado Dilmar Torres, ex combatiente de las extintas Farc,
porque de lo contrario todos estaríamos muertos también y ya no habría nada que hacer.
Siendo así conmino a todos esos aterrorizados hermanos que todavía poseen esa reacción
natural para que todos, absolutamente todos, alcemos las voces lo más alto y claro que
podamos para exigirle al ministro de defensa que rectifique si no había visto la foto del
cadáver y le pida perdón al país o que renuncie si la había visto, porque eso del forcejeo, el
arma que se disparó por accidente y el intento de desparecer un cadáver con el cráneo
destrozado y el pene cortado y puesto en el pecho deja su nombre peor que el que lo hizo y
eso, además, es terrible para la imagen de la institución que representa. Usted, si es como
dice y por ser la primera autoridad militar, tiene la obligación de investigar primero para
luego informarle al país y no creerle de buenas a primeras a un militar que, como
consecuencia de la guerra, puede tener incluso problemas mentales. Alcemos mucho más
las voces para que nos escuchen el señor Álvaro Uribe, su Centro Democrático, su
presidente, su bancada, los liberales, los conservadores, los cambio radical, las cortes, la
iglesia, los fiscales, los jueces, los paramilitares, los pobres que votan por ellos, en fin,
todos los que están relacionados con la derecha y la ultra y tienen que ver con la maldita
guerra para que se detengan ya, por favor, basta de esos afanes burocráticos y de esa
demencial sed de poder y de dinero fácil y miedo al socialismo, luchen de otra forma,
reflexionen, piensen en el futuro de sus hijos antes de que todos, incluidos ustedes,
terminemos internados en clínicas psiquiátricas o, en el peor de los casos, en manicomios.
Señor ministro, ¿se imagina usted lo que está pensando de nosotros la comunidad
internacional con un acto como este contra un hombre desarmado que ha dejado las armas
y se ha sometido a un proceso de paz? Masacrar la paz con actos tan macabros e
irresponsables destruye toda esperanza y socava el cimiento de la sociedad arrastrando con
la poca moral que nos queda en medio de este infierno con nombre de país, señor ministro.
Está bien que usted defienda su capitalismo, sus intereses, lo que quiera en su mundo, pero
recuerde que está representando a cuarenta y ocho millones de personas, entre ellos
millones de niños a quienes, por hoy día tener tantos medios de comunicación a su alcance,
les afectan escabrosos ejemplos como éste. Eso no cabe en ningún lugar por muy enfermos
que estemos. Ya los políticos engañaron a los ignorantes con la farsa Venezuela, ya pasó lo
que pasó en la Registraduría, el fiscal al parecer tapó lo que tapó y ganaron las elecciones
pero basta ya, el país está aterrorizado con lo que ha visto del gobierno hasta ahora con el
renacimiento de la violencia que ya conocemos, pero más aún que ahora que se sindica a un
alto miembro del ejército de hacer lo que hacían los paramilitares y que usted le crea tan
ciegamente. Eso es para entrar en pánico, señor ministro, por favor, usted ya vivió lo
suficiente y fue y es feliz en medio de las abundancias, pero si siguen sucediendo casos
como estos no se sabe en qué va a parar esto y allá adelante, no muy lejos, está el futuro de
millones de hijos y de nietos, entre ellos los suyos, y los que ya vivimos no tenemos
derecho a quitarles lo que les corresponde. A los militares que hicieron eso les recuerdo que
con ese atroz acto sangraron aún más las heridas de la guerra; que la indignación cunde y
que al hombre que masacraron era un campesino como ellos con la diferencia que él tuvo
que irse para el monte porque lo obligaron, y ellos a la guerra porque no pudieron estudiar y
porque allí encuentran que comer y les pagan, aunque sea una miseria. Los peores afectados
con la guerra son ustedes porque ponen el pecho, y sus verdaderos enemigos son los que la
promueven para su beneficio. Aprovechen los acuerdos de la Habana para que dignifiquen
su condición de personas y dejen de creer que son héroes matándose entre hermanos. Todo
por la paz de todos, señor ministro. 
Por: NELSON ORTIZ REALES

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