El Viernes Santo en el Cristianismo
es el segundo día del llamado
Triduo Pascual, el periodo de Semana Santa
durante el cual la liturgia católica conmemora
la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
Viernes Santo único que será por siempre intransferible, inamovible, nunca olvidado y cada año a la comunidad católica nos hace recordar la muerte en la Cruz de quien dio inicio a lo que se llamaría desde ese momento Cristianismo abrigado por la Fe de sus creyentes.
Este viernes como todos los años se celebra la Liturgia de la Pasión del Señor a media tarde, que según lo indica la Biblia, fue la hora de las 15:00 cuando se cumplió el designio de su Padre, la muerte de Jesús de Nazareth en la Cruz. A través de ese ser amado Dios nos enseña todos los días su magnificencia, su poder santificado, su espiritualidad y, sobre todo, nos inculca a que entendamos lo humano que somos, los pecados que podemos abrigar y el arrepentimiento que de ellos también somos capaces de reconocer a través de su amor único y verdadero.
La FE se relaciona de dos simples letras que a nuestro razonar, podemos descomponer como queramos: F: Felicidad. Esa que nunca es permanente, pero que la tenemos por segundos, minutos y horas, todo depende de nuestra profundidad para sentir; es movible. E: Eternidad. La que tampoco los humanos tendremos por siempre; somos seres efímeros, transitorios que llegamos a la tierra con un propósito, una misión debajo del brazo para fortalecerla en el nombre de Dios. Pero se es eterno en recuerdos, acciones que se dejen impresas en la vida, en el quehacer diario, en ayuda que se haga a los semejantes. Aquí es eterna la caridad, cuando se da de beber al sediento, cuando se abriga al desnudo, cuando se da alimento al hambriento, cuando se comprenden las penas ajenas.
Si trasladamos la palabra Fe del cristiano al ambiente cultural de nuestra vida contemporánea también allí encontramos más profunda la literatura, más nítida y firme. Precisamente es en el libro con mayoría de lectores en el universo y muchos compradores donde convergen todos los géneros literarios: en la Biblia. Aunque su función real no es ser histórica sino teológica.
Pero al hacer un pequeño mapa mental sobre la interrelación Semana Santa, Cristianismo, Fe y Biblia, al reflexionarlas encontraremos que cada una de esas palabras son transversales, se buscan, se encuentran en caminos de vida y al fusionarse conforman otras tres palabras claves e importantes: Cultura, Literatura y Entendimiento.
Porque a través de la Fe encontramos parte de la Felicidad y el reconocimiento de los valores intelectivos y volitivos que, a la postre, se vuelven Eternos. Tal vez en estas palabras se encierra algo de Filosofía, pero así es, filosofía de vida, de acciones y quehaceres del corazón, no solo de la mente. La palabra volitivo proviene del latín y está relacionada con el verbo “querer”. En cuanto al intelecto, también del latín, es la potencia cognoscitiva racional del ser humano, o sea, la facultad del “entendimiento y el pensar”.
Referente al intelecto tal como lo asevera Inmanuel Kant en su ‘Teoría del Conocimiento’, expresa que “el sujeto es quien construye la realidad”, cambiando el concepto de que la realidad era la que construía al sujeto. Conocimientos a priori organizados en dos categorías: tiempo y espacio. Pero asevera, también que “el único Ser que puede conocer las cosas en sí o en no menos de su totalidad, es Dios”. Todo esto nos lleva a lo primero, a la Fe.
De tal manera, podemos entender que la Semana Mayor da pie para inspirarnos en moradas superiores, como la relación de Nuestro Señor Jesús con sentimientos que nos prodiga como la Fe y el Conocimiento que es igual a discernir sobre cultura para quienes tienen esta tendencia por construir mundos mejores, a través de un Ser Supremo que nos marca con su varita mágica caminos a seguir. Cierto es que el conocimiento surge cuando la parte del alma conoce y piensa. Así hay intelecto, así el alma tiene facultad para sentir y pensar, a través de la Fe con la que vemos un mundo diferente, comprensible, limpio.
Para quienes tenemos la facultad de entender cultura y literatura que también va unida a la Fe transformada en prosa, verso, elegías o madrigales, podemos considerarnos hechos para construir mundos mejores alejados de críticas, envidias y rencores.

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