Por Alfonso Camerano

La medida de aseguramiento contra el Alcalde Rafael Martinez impuesta por un Juez de Control de Garantías, y la sanción de destitución por la PGN de 12 años contra Carlos Caicedo, hace parte de la piedra que le causó a la derecha que le hubieran quitado el negocio del acueducto y el control absoluto del poder corrupto local.

En Santa Marta siempre mandó la misma Aristocracia que dejó don Rodrigo de Bastidas, la que se reunía y reúne a tomar té en el Club Santa Marta para hablar de sus negocios de importación y exportación, de los cultivos de banano y palma, o de la marihuana o de las rutas del perico.

Los presos de su cuna de oro, escarmiento de esa clase exclusiva, son pocos, uno “mono” y otro “don Eduardo”, – y ya salieron-, por cuenta de la DEA, porque el Poder Político y Judicial de la Samaria siempre ha estado en manos de la misma mafia gobernante.

Santa Marta tuvo personajes pintorescos, llenos de dinero, y los del club Santa Marta, expertos en negocios sucios, los limpiaron y al final los acabaron.

Como en las películas del Far West, “Por unos dólares más”, “Lo bueno lo malo y lo feo”, Santa Marta tuvo a su “Capi Black”, “Lucho Barranquilla”, “Ubida”, “Monche Barros”, marimberos de la Guajira pobre, convertidos en socios temporales de los finos samarios de abolengo, y la Justicia local jamás los judicializó cuando compartían el saqueo al presupuesto de la ciudad.

Ayer y ahora eso no ha cambiado, a pesar que la ciudad se sacudió y tomó nuevos rumbos, como lo planteó y logró durante una corta primavera con las administraciones de Carlos Caicedo y Rafael Martínez, habiendo recuperado la Empresa de servicio de Acueducto, en manos de la mafia local aliada a la de Medellin, apadrinada por la Derecha local y nacional, todo vuelve a su lugar acostumbrado, el tumbe y lo torcido.

El que “hace el favor”, ahora,a la clase política de Santa Marta y sus socios de la derecha empresarial paisa, es el Poder Judicial y Disciplinario, que irrumpe como Catón selectivo.

Así lo hizo, con pinzas, en Barranquilla, empapelando, en su momento, al Cura Hoyos y a Hoenigsberg y pare de contar.

En Bogota, la PGN enyardó a Petro, persiguió a Iván Cepeda y enreda a los contradictores del sistema.

En Santa Marta es común ver, antes y ahora, reencarnados en sus personajes de páginas políticas y sociales, a los Vito Corleone, Sam Giancana, Barzini, el cura, portando credenciales oficiales y protegidos por el estado, porque son los dueños de la ciudad y su paisaje, don la Justicia magnánima nunca llega.

La ciudad continua en manos de la misma mafia dispuestos a quedarse con las empresas públicas a las que que ahora suma el negocio eléctrico, con SolCaribe.

La medida privativa de la libertad impuesta por un Juez de esa jurisdicción territorial contra el Alcalde Distrital de Santa Marta, ciudadano Rafael Martinez, y la destitución de la Procuraduría General contra el ex alcalde y figura nacional, en el debate presidencial pasado, ex rector de la Universidad del Magdalena, Carlos Caicedo, tiene el mismo tinte mafioso que ha caracterizado durante décadas a la ciudad más antigua de Colombia.

En Santa Marta, claudica la Justicia, nunca llegó a su bahía, la seguirá construyendo su pueblo marginado dispuesto a no dejarse doblegar por los pistoleros groseros que la mancillan.

La lucha continúa..

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