Por María del Rosario Guerra

Inició la Semana Mayor. Un patrimonio que ha pasado de generación en generación y recreado a lo largo del tiempo para que sirva como un espacio de reflexión en el cual se forjan valores e identidades.

Cientos de colombianos aprovechan estos días en casa y en familia para reflexionar, orar y agradecer por las bendiciones recibidas.

Pero además de recibir a Dios en nuestro hogar y en nuestros corazones, también debe ser un momento para hacer un diagnóstico individual de nuestras actitudes hacia nuestro entorno.

Nuestra sociedad atraviesa por momentos difíciles en el escenario económico, político y social. A ese panorama se suma la pérdida de valores. Uno que sin duda afecta no solo el entorno individual sino el desarrollo de una óptima convivencia entre unos y otros.

Esta semana, marcada por un fuerte componente espiritual, debe ser aprovechada para entender la importancia que tiene la familia.

Pero no se puede hablar de respeto y amor por la familia sino existen valores humanos tan importantes como la dignidad humana, el respeto al derecho a la vida, el fortalecimiento de las libertades, especialmente la libertad religiosa, de conciencia, y de educación; y la honestidad en el manejo de los recursos públicos.

Este espacio de reflexión que nos regala la Semana Santa debe ayudarnos a tomar conciencia sobre las enseñanzas de la vida, esas que nos dejó Jesús para fortalecer y alegrar nuestra existencia.

Participemos en la utopía de promover cambios, esos que nos ayuden a caminar sin pausa hacia la inclusión y hacia una mejor sociedad.

Es importante que haya esperanza y porvenir para nuestra sociedad sobre la base de los valores cristianos.

Invito a todos los colombianos a respetar la vida en todas sus formas, a respetar la dignidad de la mujer, de los niños y de los adultos mayores; así como a vivir nuestras más intimas creencias con respeto.

Pensemos siempre en la construcción de una Colombia que no solo tenga riqueza económica, sino social, espiritual y familiar.

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