Eran las 12:45 del Viernes Santo cuando atravesaron ideas que transitaban y colisionaban las unas con las otras; me senté en la silla giratoria a hablarle al computador para que me diera la opción de consultar sobre el fin del mundo y este no respondió, pensé que el sistema había tenido su deceso y empecé a preocuparme por la fatalidad de la pregunta y la respuesta del sistema informativo.

Luego llamé a mi hijo quien es muy acucioso y no respondió tal vez encontrando la respuesta que el mundo estaba en la fase inicial de extinguirse. La preocupación se desbordaba; prendí mi móvil y todo lo que pretendía abrir giraba, no arrojaba ninguna respuesta a mis pretensiones. Seguía circulando y dije: ¿será que la tierra aceleró su movimiento y viene el colapso final? Se asomaron los mensajes en cantidades y tampoco abrieron e imagine que me habían hackeado o estaba bloqueado o me habían suspendido por ser diferente en el manejo de estos operadores y sitios webs.

Tomé como opción ver televisión ante la ausencia de sueños y la programación decaída. Luego decidí leer el libro ” Educar mentes para pensar” cuando recordé que un suculento boca chico cabrito criollo había originado el sueño en los albores de la finalización de un mundo que se acaba sólo en la mente de quienes lo concebimos y lo negamos. Me levante de mi zona de confort y no se sentía ni un alma hasta mis mascotas estaban dormida solo por el poder tecnológico googleado de Facebook y de Whasapat que mantienen vivo a millones de internautas que al final preferimos desprendernos de ellos, aunque el mundo se acabe. Sólo que la experiencia vivida de la intercomunicación fallida me trajo horas de tranquilidad y ahora mi preocupación es pensar que estaría usted tejiendo mentalmente si vio esta odisea fantasiosa, pero perturbarte que nos ha llevado a perder la esencia de humanos.

Y como complemento corrí a publicar lo que me sucedió y no pude. Creo que en ese universo inmerso de dependencia tecnológica estarían millones que no dicen nada cuando han reemplazado su alma por un móvil o un computador y que solo vuelven a ella cuando el sistema se reincorpora al mundo virtual de la insensibilidad y de la falta de tacto y piel tangible que nos haga entrar en razón; hasta otro día donde el mundo empieze acabarse en la mente de los mortales con curso de inmortalidad.

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