El trastorno de identidad disociativo de Cristo

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Una vez una amiga sicóloga expresó el juicio dicharachero: “el trastorno de identidad disociativo de Cristo”, pero que le parecía contiguo a la idea de aceptar el enfoque unicitario del ser de Dios. Tiene mucho de veritativo pensar que si Dios es una única persona divina con tres acciones: Padre, Hijo y Espíritu Santo (enfoque unicitario), nos conduzca esto, por ciertas expresiones bíblicas de Jesús, a que notemos en Él tal trastorno. El trastorno de identidad disociativo o también conocido como desorden de personalidad múltiple, es una enfermedad mental caracterizada por la existencia de dos o más personalidades en una persona. Entre los síntomas de este padecimiento está, reitero, el poseer más de una identidad; se nota cuando “algunas de las personalidades conocen importante información personal que desconocen las otras personalidades. Algunas personalidades parecen conocerse e interaccionar entre sí en un complejo mundo interior. Por ejemplo, la personalidad A puede ser consciente de la existencia de la personalidad B y saber lo que hace B, como si estuviera observando el comportamiento de B”. En el caso del Señor Jesús, qué podrían pensar ustedes, señores lectores, de su expresión: “pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10, 33), ¿Tiene Jesús dicho trastorno o se nota que Dios es más de una sóla persona divina?, otra interesante y escatológica expresión para analizar es: “pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mateo, 24, 36), que se refiere a la venida del Hijo de Hombre. ¿Por qué el Hijo desconoce algo que sólo sabe el Padre, no es la misma persona divina, según el enfoque unicitario del ser de Dios?.

La polémica sobre la unicidad o trinidad del ser de Dios se ha dado desde tiempos antiquísimos del cristianismo, aquellos que han defendido la doctrina de Dios como uno y trino también han dictaminado esos juicios contiguos, que evidencian las consecuencias disparatadas del enfoque de la unicidad del ser de Dios. Tertuliano, padre de la Iglesia, nacido hacia el año 130 de la era cristiana, refiriéndose a Práxeas (discípulo de Epígono), expone: “…él mantiene que hay un sólo Señor, el omnipotente creador del mundo… él dice que fue el Padre el que descendió a la virgen y nació de ella, Él sufrió… él, Práxeas, crucificó al Padre…”. Verdaderamente, dar crédito a los unicitarios es crucificar al Padre y al Espíritu Santo, también, si queremos dar trascendencia a las palabras de Tertuliano. Hermanos cristianos de congregaciones de enfoque unicitario, que monopolizan sólo para ustedes la salvación, no quiero parecer aquel que viene a fustigar sus creencias con mi fe católica; al igual que la Santa Madre Iglesia creo en que para ustedes hay salvación también, aunque pensemos distintos; creo en la infinita misericordia de Dios, que en este caso, más que ver nuestro acierto sobre su naturaleza, ve, primero que todo, nuestra diáfana intención de seguir a Jesús, que muestra al Padre, que enseña en definidas cuentas que Dios es amor y como seres amorosos hay que vivir: he aquí el gran pilar de la salvación. Creo en Dios como familia divina: uno y trino, pero también creo en que el día que partamos de este mundo a la presencia de Dios, lo contemplemos como unicidad o como trinidad, imperará para la salvación nuestra decisión radical de amar en la tierra: “ámense unos a otros” (Juan 13, 34); aún así me siento pleno religiosamente siendo trinitario. El Señor los colme de Bendiciones.

Licenciado en Filosofía y Educación Religiosa
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