Paz y Bien en el Señor

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Iniciamos hoy estas letras que esperamos ayuden al encuentro con el Señor, a partir de la reflexión del Evangelio Dominical te invitamos a seguirnos cada domingo y llenar de alegría y fe tu corazón.

La experiencia transformadora de la Pascua de Jesús impulsa a las comunidades nacientes a realizar signos de compartir e incluso acciones prodigiosas de conversión y milagros en Nombre de Cristo Resucitado tal como lo expresa la primera lectura de Hechos 5,12-16.

Los seguidores de Jesús el Nazareno, vivo y actuante se siente en todos los rincones de Jerusalén y sus alrededores, las comunidades van en aumento porque “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, es el Señor quien lo ha hecho ha sido un milagro patente” esto lo expresa el Salmo 115 de nuestra Liturgia de hoy.

La Pascua de Cristo tiene que fortalecer nuestras vidas ya que el Señor nos dice en Apocalipsis 9, 1-11: “No temas, Yo soy el Primero y el Ultimo, Yo soy el que vive, estaba muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos”. Ánimo, entonces toda situación de muerte o oscuridad que exista en su vida, en su hogar ha sido vencida y desterrada, lo invito a atreverse a decir con fe: Señor Resucitado, tu has vencido todo mal, todo pecado, nos has liberado de toda amargura y renovado nuestra vida, limpia, purifica, ilumina todo mi ser con tu luz, con tu gracia divina que trae Paz y Bendición.

Compartamos esta gran experiencia que nos trae el Evangelio de este domingo con el Evangelio de San Juan 20, 19-31; Nos relata un primer detalle “Al anochecer” es decir que la luz estaba por llegar, el nuevo día por despertar, la resurrección de Cristo que ilumina todo. En segundo lugar, “había miedo”, dos cosas dan inseguridad a los seres humanos, la oscuridad y ser perseguidos, pero el Señor Resucitado, les da nuevo vigor, les da Paz a sus vidas (Shalom) y les muestra signos corporales de su victoria, ya no hay oscuridad, ya no se van a ocultar son enviados a predicar sin temor con la fuerza de la Pascua del Señor.

Por último en este texto nos acerca a nuestra realidad de incredulidad, encarnada en Tomás, que a cada momento queremos exigirle cosas a Dios: “Sí no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”.

Ante esta situación cotidiana en nuestra sociedad, Nuestro Señor responde: “dichosos los que crean sin haber visto”. Dichosas las familias que oran todos los días, dichosos los lugares de trabajo donde se invoca a Dios, Trino y Uno; dichosos los que al leer esta sencilla reflexión se animen a creer en Cristo y llevar luz a su corazón.

Les deseamos un feliz Domingo en el Señor Resucitado, compartan en familia.

Bendiciones en Jesús y María

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