Por un modelo de salud justo

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Nuestro país nunca había tenido índices tan altos de cobertura en salud, ni destinado tantos recursos para financiar este sector, para el cual aparecen en el presupuesto recursos que sobrepasan los 40 billones de pesos, sin embargo tales cifras contrastan radicalmente con la calificación que los ciudadanos le dan al Gobierno en torno al manejo del sistema.
En efecto, según recientes encuestas, ocho de cada diez colombianos desaprueban la forma como se están enfrentando los problemas de la salud y piensan que la calidad sigue empeorando, de acuerdo a este sondeo la opinión pública le pasa una cuenta de cobro al Gobierno por una crisis que no ha hecho más que profundizarse con el correr de los años.
Alrededor del sector salud, la corrupción, la politiquería, la tramitomanía y otros oscuros intereses, han florecido a su antojo, en detrimento de los recursos y los beneficios a que tienen derecho los colombianos.
Por esto los cambios deben ser estructurales dentro de un debate que parta del objetivo prioritario que consiste en crear un modelo realista, que resuelva uno de los problemas más graves del país.
Las reformas y los cambios para el sistema de salud para la gente pobre, no sólo deberá introducirse en la normatividad, sino también en los requerimientos para la formación de los profesionales de la medicina, para que el servicio que ofrezcan sea más humanizado.
La prestación de la atención en salud no se puede pensar con el bolsillo, y la ciencia que es universal e infinita, debe servir a toda la humanidad, sin importar la raza, condición social, edad, sexo o creencias religiosas, es decir existe la necesidad de humanizar la medicina para los pobres.
Lo que se requiere es que se le brinde la oportunidad a millones de compatriotas pertenecientes a los estratos bajos, es decir de escasos recursos económicos, para que así estos puedan llegar a un consultorio médico y ser atendidos por un facultativo, de manera oportuna.
Son muchos los ciudadanos que han fallecido en las puertas de los hospitales, o que si llegan a los consultorios no tienen la más mínima esperanza de encontrarle remedio a sus padecimientos físicos, que después se convierten en trastornos psicológicos por el inhumano tratamiento que allí reciben.
Que existan más recursos para la salud y oportunidades para los menesterosos, es algo que para nosotros es de mucha importancia, en este caso la clase política y los dirigentes de distinta índole, no sólo deben velar porque así ocurra, también es necesario trabajar por lograrlo, deponiendo intereses personales y politiqueros, frente a los que atañen a la ciudadanía en general.
Siempre hemos dicho que Colombia es un país de paradojas y una de ellas es su sistema de salud, que elogiado e imitado en otras naciones, está al borde del colapso por la insatisfacción que generan entre sus usuarios, las Empresas Promotoras de Salud.
Al parecer, todas las partes tienen razones para justificar sus falencias, pero muy pocos aceptan que no han hecho lo suficiente para que el modelo se traduzca en una población satisfecha con los servicios que recibe. He ahí el problema.

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