El soberano, el delegado y el poder

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Colombia se prepara lentamente para afrontar uno de los ejercicios más decisivos en la historia de todo Estado, las elecciones de dignatarios y representantes de los entes territoriales. Todos los candidatos aspiran a alcanzar el número mínimo de personas que les garanticen los votos necesarios para un puesto en la administración pública municipal o departamental, pero como es propio de estos sistemas de electorales, muchos son llamados y pocos los escogidos.

Elegir dignatarios no es una tarea fácil y creemos firmemente que, si bien es cierto el poder es necesario (y el derecho está de acuerdo con esto) el mismo debe respetar básicamente dos cosas. En primer lugar, que quien llegue a él, deba hacerlo por las vías y caminos establecidos en la constitución y la ley para que exista legitimidad en el ejercicio y, en segundo lugar, que una vez se ostente el poder, este se ejerza dentro de los limites establecidos para el mismo, recordando que ningún poder es absoluto, sino que todos admiten limitación y regulación.

A los griegos le debemos la invención de algo nunca visto en la historia de la humanidad: La democracia. Teocracia, Monarquía, Autocracia, entre otros. Todos y cada uno de los modelos de gobierno había experimentado la humanidad, hasta que en la época clásica los griegos diseñan una forma de gobierno que maravilló al mundo. En ésta el pueblo se convierte en el protagonista de la historia y empieza a ejercer directamente el poder.

Etimológicamente, la palabra democracia es una palabra compuesta. Demos, que traduce pueblo y Cracia que proviene de kratein que significa dominio, poder, autoridad, por consiguiente, la democracia no es otra cosa que el dominio, poder, autoridad o gobierno del pueblo. En este modelo se abandona la idea de un ser supremo (hombre, dios o semi dios) como propietario u origen del poder para decir que el pueblo en su conjunto es la fuente y origen de este.

Siendo el pueblo el origen del poder, puede decidir si ejerce dicho poder o soberanía de forma directa o delega el mismo para que otro, designado lógicamente por el titular del poder lo ejerza. Nuestra constitución acoge esta teoría de la democracia en el articulo 3 cuando de manera clara indica que el soberano es el pueblo y este es libre de ejercer dicha soberanía de forma directa o por medio de sus representantes.

Lo anterior quiere decir, que la democracia puede ser directa, cuando el mismo titular del poder asume la decisión y resolución del asunto en cuestión o representativa, cuando el pueblo designa representantes para que ellos, en nombre del pueblo, para los intereses del pueblo y en beneficio del pueblo asuman dicho poder, pero siempre dejando claro que rol es mandatario o delegatario, es decir, su función, poder o delegación proviene de otro más fuerte y poderoso que él.

Mención especial requiere este que ejerce el poder y que en principio es un candidato para ejercerlo. La palabra Candidato proviene de Candidus y hace referencia a aquellas personas que tenían la intención, deseo o aspiración de ejercer un cargo de elección popular. Este candidus, debía vestir de blanco simbolizando o representando la pureza, inocencia y pulcritud de sus intenciones, es decir, una persona desprovista de ambiciones, pero llena de deseos puros de servir a la comunidad.

Si bien es cierto nunca ha sido nuestra intención hablar de política, aunque tendríamos legitimidad para ello, sí es nuestro deber evidenciar los aspectos de relevancia jurídica de la vida en sociedad y el ejercicio de la soberanía es uno de los más relevantes. Elegir y ser elegidos es un derecho y a la vez un deber de todo ciudadano y el mismo no puede seguir siendo ejercido de cualquier forma, ignorando la responsabilidad que ello conlleva y mucho menos siendo manipulados por unos que de candidus tienen poco.

Con fundamento en lo anterior, quiero finalizar mi reflexión con dos ideas principales; la responsabilidad del titular del poder y el ejercicio del poder por parte del designado. Es decir, quien delega y quien es delegado.

El soberano debe ser consciente del poder que ostenta y la dimensión de este, para que en primer lugar no se lo delegue a cualquiera y para que lo ejerza con responsabilidad. El mismo pueblo que elige es el que posteriormente se queja de sus elegidos. Nos quejamos de las personas que ejercen el poder, pero no recordamos que nosotros mismos le otorgamos la legitimidad para que en nombre nuestro hagan con el poder lo que sus intenciones e intereses quieran. Ejerzamos nuestro derecho a elegir, pero con responsabilidad, con una limpia conciencia y con criterios objetivos.

Finalmente, dirijo mi reflexión a los candidus, aquellos ciudadanos que desean ejercer el poder y llegar a El por los medios legalmente establecidos y dentro de los limites que la constitución y la ley imponen. Mal haríamos en afirmar que todo el que ejerce el poder lo hace con intereses oscuros y dañinos, debemos resaltar a aquellos, muchos o pocos, que fieles a sus principios se esmeran por servir a la comunidad desde los puestos de poder. A usted querido y apreciado candidus, le recordamos que no es el titular del poder, que a sus espaldas se encuentra el titular de este, que se lo ha delegado porque ha confiado en sus capacidades de representación, por consiguiente, ejérzalo bien, con responsabilidad y respeto, por favor no nos decepcionen ni jueguen con nuestro presente y futuro, porque le recordamos que el mismo que otorga el poder tiene la legitimidad para recuperarlo…

Stewing José Arteaga Padilla
Abogado

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