El águila casi extinta que murió a manos de Corpocesar

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Hace más de un año un campesino le entregó a la corporación Corpocesar una hembra de águila real de montaña sin traumas, sin disparos y sin ninguna herida.

Para ese momento, en un video publicado en Twitter, se le veía recién llegada. Todavía con plumas blancas, un color que suelen perder al mudar a adultas. Estaba encerrada en un cuarto blanco con baldosas y un pequeño tragaluz en el Centro de Atención de Valoración de Fauna y Flora Silvestre (Cavff) en Valledupar.

Según la publicación del diario El Espectador, Ana María Morales, bióloga, recomendó trasladarla a un recinto más amplio, para que pudiera moverse y así recobrar musculatura.

Una semana sería suficiente para soltarla a su hábitat natural, pero se tenía un obejtivo: Su intención era implantar un rastreador satelital en el águila. Al regresar a la vida silvestre, esta hembra estaba en condiciones de reproducirse, pero entre los árboles, con un rastreador similar a un arnés, hay un alto riesgo de enredarse.

En agosto, cuando Corpocesar consiguió quién donara el rastreador, regresaron los expertos y el ave duró ocho meses en cautiverio con un calor de casi 40 grados a la sombra, el pico herido de tanto chocar contra la jaula y un hongo en sus garras habían transformado al águila. El principal problema era su piel.

Meses después, el ave murió. Según Julio Aguirre, quien está al frente de la única Unidad Forense Veterinaria del país, “la muerte del ave se debió a una infección generalizada por trauma, que es mucho más extraño aún. Es decir, tenía una herida tan grande y tan infectada que se le extendió en todo el cuerpo y se murió de eso. Pero lo que me confunde es que ninguna de las fotografías y descripciones dan cuenta de eso, faltan datos, no es congruente”, según revela el diario El Espectador.

Esas irregularidades, en palabras de Julio Suárez, director de Corpocesar, son cosas que pasan. “Yo les creo a mis científicos. Pero la pérdida de este ejemplar no debería ser en vano. La libertad no ha de tardar tanto. Los expertos en rapaces que la revisaron lamentaron la noticia. Es una pena, ese animal merecía algo mejor”, expresó luego de conocer la muerte del animal.

Con este se configura otro caso de malos manejos de fauna silvestre en contra de las corporaciones autónomas ambientales (CAR) que llegan a la Procuraduría Delegada para Asuntos Ambientales, donde la falta de infraestructura se configura en una de las mayores quejas. Según la entidad, el 47 % de las autoridades ambientales del país comparte esta falla.

El águila real de montaña, llamada en los libros Spizaetus isidori, es un animal de bosque. Habita desde los 1.400 hasta los 3.300 metros sobre el nivel del mar, en clima templado, frío.

Desde hace aproximadamente dos años el Ministerio de Ambiente la declaró en peligro de extinción, porque su población en Colombia se estima en menos de 200 ejemplares.

*Con apoyo elespectador.com

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