Por mejores abogados

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El ser humano, es aquel individuo único. Es decir, que no se parece al prójimo. Cada uno de nosotros tenemos conductas y actitudes diferentes, e incluso lo que más nos diferencia es, nuestra forma de pensar. De esta manera, cada quien adquiere un perfil, según su personalidad, profesión u otros aspectos o interés. Esta realidad es abordada por Rodelo, M., en: “El abogado educador”, el cual tiene como objetivo acercarse al ser de la persona para desarrollar y fortalecer aquellas cualidades en abogado crítico, investigativo y constructivo de saberes, en tal sentido, debe ser multifuncional…” (La Libertad, Barranquilla, abril 11 de 2019, p., 2ª). Se trata de la idea de formación en las facultades de derecho, donde la categoría de formar, se da con arreglo a aquella virtud suprema de la integralidad del abogado, atendiendo las demandas sociales. Saavedra, C., en su ensayo “El abogado en el diario vivir”, señala que al adentrarnos en la formación de abogados, es didácticamente formativo ejemplificar su rol de la siguiente manera: el abogado es como un jugador en el procesos de debutar de caras a un país con múltiples grietas en juna corrupción sumergida en inmoralidad y sin ética…” (La Libertad, Barranquilla, septiembre 22 de 2018, p., 2ª).
A decir verdad, todos hemos escuchado la palabra abogado o inclusive hemos conocido a uno, pero algunas veces, porque estoy segura que no ha sido una, nos hemos preguntado: ¿cuál o cuáles son los comportamientos o conductas que debería tener este? Lo anterior, en razón de que el derecho revoluciona en consonancia con el hombre, y se requiere que él también evolucione (Ortega, O., “Filosofía y ética para los abogados”, La Libertad, Barranquilla, agosto 25 de 2018, p., 2ª).
Así, en clases de Filosofía del Derecho, nuestro profesor Reynaldo Mora Mora (I-2019), nos prepara, revela y evidencia cómo debe ser o comportarse alguien con esta profesión. En primera instancia, deberíamos reconocer su definición, que según Max Weber en su obra Economía y sociedad, esbozo de sociología comprensiva, publicado en 1922, al realizar una contraposición con la figura de “prolocutor” (Fürsprecher), define al abogado como: aquel profesional, que es el representante de las partes, que asume la dirección técnica en la preparación del procedimiento y la consecución de los medios de prueba; sin embargo en esta definición no se contemplan las distintas funciones de la abogacía. En la actualidad podemos entender que el abogado es un profesional independiente que le asiste como asesor y representante en la defensa de sus derechos e intereses frente a los organismos públicos y el resto de las personas y entidades privadas. En estos encuentros sabatinos, como futuros filósofos del derecho, reflexionamos en torno a categorías del derecho que hacen parte del diario vivir, como la justicia, y desde la cual desarrollamos diálogos interesantes con los fundamentos teóricos y conceptuales para leer y escribir acerca de las problemáticas socio jurídicas (Mora, R. Biografías de Instituciones de la Región Caribe. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, 2010).
No obstante, en el siglo XXI la imagen del abogado se ha visto distorsionada por diferentes factores como la corrupción de los mismos y la falta de ética profesional, se dice que son mentirosos, y que harían acciones deshonestas con tal de ganar el pleito o juicio. Este problema, en nuestro parecer, se debe a que en las facultades de derecho donde estudiaron (más no se formaron) no profundizaron en temas que estuvieran relacionados con la ética profesional. Está, lo que trata de hacer es que el abogado (en este caso) tome decisiones de manera responsable y ético en cada uno de los problemas que resuelve.
Ahora, como estudiantes de derecho, con vocación y anhelos definidos y con un alto potencial para desarrollarme en lo que respecta a mi futura profesión, puedo decir queapoyo a el jurista Julián Serulle cuando sostiene que, “La ética en el abogado debe ser su punta de lanza a exhibir, razón por la cual, en nuestra oficina buscamos tener por norte alimentar como norma suprema de nuestra conducta, no sólo la ley, sino, también la moral y la justicia”. Puesto que, la ética del abogado rige la conducta del profesional del derecho, sometiéndola a las normas y principios de la moral; además, la ética del abogado se aplica a la conducta del profesional del derecho con la finalidad de ajustar a la consecución del bien supremo y a la evitación del mal. Y, es que la formación de abogados está estrechamente relacionada con la filosofía, en cuanto la formación de abogados es una construcción jurídica compleja, la cual debe contar con la colaboración estrecha de disciplinas como la filosofía, a fin de responder a los retos del derecho contemporáneo (Mora, R. Currículo y saberes en la formación de abogados: propuestas para pensar la educación jurídica. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, 2014).
Para culminar, debe decirse que el abogado, que necesita la patria y el mundo, tiene que aplicar la ética a su conducta a normas morales, practicando el bien (Mora, R. et al. Saberes y Formación Ciudadana. Enfoques socio educativos e históricos. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla, 2014). En palabras de Guzmán, O., “Se trata de no tragar entero, por el contrario, se deberá enseñar a desmenuzar a fin de pensar y generar nuevos conceptos, opiniones, aportando un grano de arena en la mejora de la calidad de vida de la sociedad (La Libertad, Barranquilla, septiembre 8 de 2018, p., 2ª). De igual manera, Montero, A., en su escrito “Formación de abogados y la justicia”, anota en un claro enjuiciamiento a las Facultades de Derecho que ellas “deben procurar formar profesionales con una clara conciencia del sentido ético de su actividad, por lo tanto, se les exige una profunda revisión y análisis de la pertinencia social de los diseños curriculares (La Libertad, Barranquilla, octubre 27 de 2018, p., 2ª). Con todo esto queremos seguir demarcando desde ya la obra que entre estudiantes y docentes se publicará en el segundo semestre de este año acerca de estos procesos de lectura y escritura desde la Filosofía del Derecho, obra que saldrá bajo el sello editorial de la Universidad Simón Bolívar, Barranquilla.
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