Cuando se pisotea el derecho

Somos libres para actuar y el acto voluntario por el respeto al derecho de nuestros semejantes debe ser sincero y nacer de nosotros.  Debemos asimilarlo.  Somos seres racionales y ello, nos permite entender, evaluar y actuar de acuerdo a ciertos principios y criterios para satisfacer algún objetivo o finalidad.  No existe derecho pequeño, ni tampoco tenemos el derecho de suponer o argumentar: “es que usted no tiene derecho a esto o aquello” lamentablemente esa frase la estamos escuchando con más frecuencia hoy día, incrementando con esas manifestaciones la discriminación.  EL abuso del derecho que muchos ejecutan, consideramos es el ejercicio de un derecho inexistente y que va en aumento.

Con base en esta contextualización a diario, nos encontramos con un problema ético que se riega y explota como pólvora, a raíz precisamente de la no aplicación y reconocimiento del debido derecho, debido proceso, debido actuar; a esto le llamaremos injusticia social; de allí que muchos afirman que la ética está plagada de reveces, desviaciones y burlas ofreciendo una mirada rica, pero antagónica a la luz de la legitimidad.  Un ejemplo lo configura el hecho que aun sujeto, luego de atraparlo e indiciarlo y acusarlo de haber robado miles de millones de pesos al erario, obtenga restricción domiciliaria; esto es una forma de pisotear el derecho. Nos hace recordar el costo de la deshonestidad y la recompensa de ser correcto en marco del derecho.

No podemos seguir actuando bajo una visión arcaica y obsoleta en la rama jurisdiccional; en otras palabras, la honestidad y corrección son mucho más que cumplir con la ley.  Es inaudito, pero es una gran verdad que en el derecho se lidia con reflexiones acerca de decisiones poco éticas, un ejemplo, un niño recientemente fue atrapado por asesinar a más de 10 personas; sin embargo, la justicia en Colombia no puede enviarlo a una cárcel, irá a un reformatorio; pero en otros países, este sería tratado de manera diferente.  Es necesario e imprescindible edificar caminos, eliminar las adulaciones explícitamente falsas, inspiradas en medio del caos que producen odios e indiferencias.  Debemos actuar como un conjunto unificador de valores comprometidos, pensantes, donde el verdadero derecho sea el ADN que concuerde con lo ético y lo correcto y no aquel que responde a lo circunstancial, e irritadas reacciones.

Bajo este orden de ideas y en el marco de responsabilidades ciudadanas, se aprecian decisiones en materia de derecho que desbordan sus atribuciones, esto desde una perspectiva pluralista.  Los derechos en sí pretenden defender la dignidad, inherente a cada persona, sea niño o adulto; todos los derechos sin excepción deben ser respetados.  Los derechos humanos, también conocidos como fundamentales o de primera generación, contemplados en nuestra Carta Magna desde el artículo 11 al 41, propician un mejor vivir; además nos ayudan a tener una vida digna y al tratamiento como tales. Es esta, una reflexión fidedigna que nos conlleva a acatar y respetar el derecho y como tal no pisotearlo.

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