Algunas reflexiones sobre el ejercicio del derecho a la defensa en los procesos penales

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Uno de los escenarios más incomodos que puede afrontar una persona, es ser objeto de una investigación penal en su contra, toda vez que, al parecer, en nuestro territorio se han ido trastornando poco a poco los postulados básicos del derecho penal y por supuesto del Estado Social de Derecho.

Postulados como el derecho a la defensa, la presunción de inocencia, In dubio pro reo, entre otros, parecen ser especies en vía de extinción. Todo parece indicar que el Estado, titular de la acción penal, en ejercicio del Ius Puniendi (Derecho a Castigar y sancionar) tiene una posición dominante, desde la cual puede neutralizar y aplastar a quien está siendo investigado sin el pleno de las garantías constitucionales y legales.

En Colombia ya no se presume la inocencia, sino que se presume la culpabilidad o responsabilidad. Hoy, basta con que una persona sea vinculada a una investigación para que a partir de allí se le pisotee, menoscabe su dignidad y se reduzca a su más mínima expresión.

Nuestra constitución establece que toda persona se presume inocente, no hasta que se le demuestre lo contrario (eso no lo dice la norma) sino que dicha presunción acompaña al investigado hasta que sea declarado judicialmente culpable. Significa que una investigación penal no constituye antecedente, ni es sinónimo de responsabilidad penal. Para que exista culpabilidad debe existir una sentencia judicial que declare culpable al investigado y esto sucederá cuando el Juez de conocimiento llegue a pleno conocimiento de lo sucedido más allá de toda duda razonable, es decir, que no haya lugar a dudas de responsabilidad.

Capítulo aparte y mención especial merece en esta reflexión quienes nos dedicamos a la difícil tarea de defender lo que parece indefendible. El medico salva vidas, pero el Abogado procura dignificar la vida. Así como el medico está en la obligación de atender a un paciente herido, el Abogado debe defender a quien requiere su asistencia, sin prejuicios morales y sin sentimientos de culpa por la labor que se desempeña.

El estigma cruel e indolente de la sociedad procurara vincular al profesional del derecho con la causa que está defendiendo, es decir, si defiendes a quien es acusado de homicidio, es porque “seguramente” el Abogado también es un homicida.

Vivimos en una sociedad de culpables. Cuánta razón tenía Mark Twain cuando afirmo: “El 28 de diciembre nos recuerda lo que somos durante los otros 364 días del año”.

Para concluir dirigiré una reflexión múltiple. A quien estudia derecho y pretende ejercerlo, sea consciente de la responsabilidad que tendrá y asúmalo con pasión, amor, disciplina, ética y respeto por los demás.

A las autoridades, no afecten el ejercicio digno de esta profesión, ni abusen de su posición dominante, actuando como si el Estado lo pudiese todo y la defensa no puede nada. No esta demás recordarle, que el postulado básico y fundamental del Estado Social de Derecho es la institucionalidad al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la sociedad. El hombre es el fin no el medio.

“La mentira es el arma con que los cobardes dañan a los inocentes”.
 Jose Argenis Villegas.

Stewing Jose Arteaga Padilla
Abogado

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