La pujanza de Barranquilla y sus habitantes

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Una pregunta surge en medio de la situación que se vive actualmente en la ciudad: ¿Por qué tanto optimismo entre los barranquilleros? Si es que todo cada día está más caro, trasladarse de un lado a otro es una aventura caótica, cada día los pobres son más pobres y los ricos son más ricos, si hay atracos por doquier, si la gente no puede vivir tranquila en sus casas. En fin, a razón de qué un optimismo tan desbordado en medio de tantas cosas malas.

Bueno, eso depende. Depende de cómo veamos el vaso, si medio lleno o medio vacío. Barranquilla, como toda urbe en expansión tiene graves problemas. No nos podemos llamar a engaños.

No es historia la desigualdad social, no es historia la inseguridad ni los problemas de movilidad ni las falencias que aún tenemos en materia social en temas como vivienda, salud, educación, atención social en primera infancia y en adultos mayores. No es historia que, aunque se hayan recuperado decenas de parques, hay que hacer un mayor esfuerzo.

Sin embargo, respecto a la medición del optimismo de los barranquilleros ha venido aumentando en el último año, a lo que se suma una amplia aprobación por el alcalde Alejandro Char con más de 90 puntos y el gobernador del Atlántico Eduardo Verano con más de 75 puntos. ¿Cómo puede suceder eso?

Quizás este optimismo se funde en una variación del paradigma que se había establecido en un territorio en el que tradicionalmente las viejas maquinarias politiqueras imperaron fomentando el desorden, el caos, la corrupción administrativa y el desgreño de una ciudad que hasta las esperanzas había llegado a perder.

Desde la llegada de Alejandro Char a la Alcaldía, en su primer mandato, luego el paso de Elsa Noguera y ahora el segundo periodo de Char al frente de la administración, sus niveles de aprobación van de la mano con el optimismo de los barranquilleros respecto al futuro de la ciudad.

Todos los problemas de los que hablamos líneas arriba son una realidad innegable, pero también son inocultables los enormes avances que se han logrado en los últimos años, en los que Barranquilla pasó de ser referente de desgreño administrativo a ciudad modelo en muchos aspectos.

La planificación de una ciudad que estaba en desorden, la visión de un futuro en el que se ha comprometido no solo la clase política, sino los empresarios, los gremios, los medios de comunicación y la ciudadanía en general, hacen que la gente vea las cosas con buenos ojos.

Esta ciudad pasó de ser la cenicienta, el patito feo de las grandes urbes del país, a ser considerada un modelo de planeación, de estrategia, de visión clara de lo que se quiere y hacia donde apunta el desarrollo.

Por algo se dio la pelea por ser sede de unos Juegos Centroamericanos y del Caribe que hacen que la ciudad se vea en obras, como también se nota el empeño por acabar con el problema de los arroyos con grandes inversiones, la mejoría en la calidad educativa ligada a una mejor infraestructura para la enseñanza y la decisión de las autoridades de frenar la delincuencia común que tanto daño hace.

No dejamos de tener los problemas de siempre. Pero miramos con optimismo el futuro. Mucha gente está llegando para quedarse porque están encontrando una ciudad amable en muchos aspectos en la cual merece la pena invertir y vivir. Por eso no es casualidad el gran optimismo de los barranquilleros reflejado en las mediciones. Estamos viendo el vaso medio lleno. Esa es una realidad que nos será de mucha ayuda en el desarrollo inmediato de las metas propuestas.

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