El pordiosero

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Era un domingo gris, con nubes hinchadas de agua, anunciando lluvias, el reloj marcaba las seis de la mañana, cuando escuché que tocaban a la puerta de mi casa abrí y me encontré con la presencia de un anciano, que al mirarme me deseó un buen día con mucha educación, era un pordiosero, me pidió un pedazo de pan, se notaba que tenía hambre, le respondí que esperara, al cabo de unos minutos le traje café, pan y queso y se lo entregué, cuando en esos momentos empezó a llover.
Al terminar el desayuno, elevó su mirada al cielo buscando a Dios y le dio gracias, diciéndome que hacía días no se alimentaba tan ¡bien!, le obsequié varios periódicos para que no se mojara, observé que empezó a ver algunos titulares arrugando sus párpados haciendo un esfuerzo, acercaba mucho el periódico a sus ojos, le volví a decir que me esperara un momento y saqué del escritorio una lupa y se la regalé, cuando a través del aumento de esta herramienta pudo mirar las letras del texto diciéndome: “Ahora sí puedo leer una Biblia que una señora me facilitó”.
El viejo pordiosero muy alegre empezó a despedirse, cuando precisamente en esos instantes llegó el médico Bladimir Pérez, quien trabaja en Santiago de Chile en la Clínica La Cordillera, siendo el único cienaguero que presta sus servicios en urgencia sección de pediatría de dicha clínica, casado con mi nieta Dayana Ospino Elías, estaban de vacaciones en Barranquilla, llegaron de Ciénaga donde estaban visitando a sus padres y suegros, a quien le solicité prestado dos mil pesos y procedí a dárselos al pordiosero, el anciano me dio las gracias nuevamente y agradeciendo a Dios se despidió, diciendo: “Señor, ojalá todas las personas fueran tan generosas como usted”. Se fue, alejándose, tapando su cabeza con los periódicos. Les comento que el Dr. Bladimir y su familia, integrada por mi nieta, y sus dos hijos, Daniela y Juan David, se quedaron en casa ese día, el lunes volaron a Bogotá para abordar otro avión que los llevara a Santiago, cuando llegaron a Chile se enteraron del triunfo de la selección Colombia sub 20, un gol por cero, derrotando a Chile, triunfo que Bladimir celebró con su esposa e hijos. Yo le digo cariñosamente al médico “hermanito querido” y él me dice lo mismo.
A los dos días siguientes tocaban la puerta de la casa otra vez, al abrir, me encontré con el mismo pordiosero, todo contento y casi que abrazándome, lleno de felicidad me comentó que utilizó los dos mil pesos comprando un chance saliendo ganador, y con ese dinero compró una carretilla con cuatro ruedas, con voz alegre me la mostró, explicándome que con este medio podía trabajar recogiendo productos desechables para venderlos en las bodegas de reciclaje. Me alegré mucho, porque con el vehículo el anciano ya dejaba de estar pidiendo, para convertirse en una persona útil, ganándose la vida reciclando. Me acordé que tenía en el patio una bolsa con materiales residuales de cartón, empaques plásticos y algunas botellas, pensé que le servirían y se la di, me sentí bien al hacerlo, el anciano me dijo: “Mi primer proveedor”. Feliz y contento y empujando la carretilla se perdió en la calle.
La moraleja es que ojalá las familias, se acuerden de separar en una bolsa, los residuos de vidrios, cartones papelería, plásticos y latas, así colaboramos desde el punto de vista económico a estos trabajadores de la calle, al vender los materiales desechables obtienen ingresos para el sustento de sus familias, los recicladores a su vez al obtener más volumen de productos, producirían más materia prima para las empresas, esto trae consigo más empleos. Desde el punto de vista ecológico: El reciclaje tiene consecuencias fructíferas: Reducción del volumen de residuos, y por lo tanto de las posibles contaminaciones que causarían (algunas materias tardan decenas de años e incluso siglos en degradarse). Preservación de los recursos naturales, pues la materia reciclada se reutiliza.
Desde el punto de vista social: Lo estimulamos a ser de gran utilidad para la comunidad, pues con esta actividad reducimos la cantidad de personas que se dedican a estar pidiendo, minimizando sus ratos de ocio y por consiguiente de vicio y con ello al atraco, bajando el índice de violencia en la ciudad.

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