Salvemos a Uniatlántico

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Los estudiantes de la Universidad del Atlántico al igual que los estudiantes de las universidades públicas recientemente nos dieron una enseñanza del como movilizarnos en la búsqueda de reivindicaciones orientadas al fortalecimiento de la academia, la investigación y otras demandas infraestructurales y de dotacion para garantizar la calidad del proceso docente educativo en función de formar profesionales que respondan al encargo social. La convocatoria estudiantil al paro nacional universitario significó el haber ganado confianza expresiva con el apoyo de la ciudadanía quien valorizo sus acciones y decisiones ante el gobierno nefasto de Iván Duque a quien se le demostró hasta la saciedad que las universidades públicas estaban en unas crisis profundas que desdecían su misión filosófica. Sin embargo, el gobierno nacional asumió su posición inicial planteando que no había recursos; no obstante, se le demostró al gobierno a través de insumos argumentativos, estadísticos y propositivos que era viable concertar una salida para superar la crisis que al final se obtuvo hasta 5.5 billones de pesos que contribuirán a mitigar demandas y necesidades universitarias.

El accionar universitario se constituyó en un ingrediente histórico y a la vez en un método digno de admirar y asimilar como mecanismo de movilización y participación con organización y disciplina emancipadora. Vistas las cosas así y en cualquier circunstancia retomaremos esa experiencia acumulada del Movimiento Estudiantil Universitario y rechazamos por principio lo ocurrido lumpescanente el día 7 de febrero donde un grupo de estudiantes revestidos de capuchas lanzó bombas molotov a las instalaciones de la rectoría provocando un incendio catalogado como un acto de espíritus con ceguera mental creando un estado de pánico a la comunidad universitaria además de poner en peligro la vida de quienes estaban contiguos al lugar de los hechos.

Cabe preguntarse cómo se explica que el glorioso movimiento estudiantil universitario, vitoreado y aclamado por millones de colombianos marchó a lo largo y ancho del país, reivindicando sus derechos con pancartas, expresiones artísticas, consignas agitacionales con claridad organizativa y otras expresiones simbólicas conceptuales neutralizaron las acciones del gobierno que pretendía desconocer el significado que tuvo la protesta con sus diferentes manifestaciones. Lo absurdo de esta situación es que un reducido grupo de estudiantes en la universidad del Atlántico haya provocado desmanes que empañan al movimiento estudiantil universitario que dejo sentada en las páginas de la historia dosis acertadas de amor, lucha, sabiduría, pero sobre todo de organización y respeto en ese propósito sano de la defensa de la educación pública universitaria.

La universidad es y será el centro donde fluyen los saberes y el conocimiento, donde se visiona la perspectiva de una sociedad plural, tolerante, gobernada por hombres y mujeres comprometidos en la emancipación y la grandeza de una nación llamada Colombia. Me ratifico que los actos del 7 de febrero en la Universidad del Atlántico son hechos repudiables, anti ejemplarizante que antes de concitar por una universidad donde converjan todas las corrientes de pensamiento desarmoniza la relación de la democracia como antesala de la ciencia; y NO que la convierta en la Universidad del temor, de la intolerancia, de las cegueras mentales, de las provocaciones y desafíos grupales, de apetitos mal oliente y del caos; para después ser aprovechada por quienes desestabilizan la vida institucional agrediendo y perturbando la tranquilidad de la comunidad universitaria. Salvemos la Uniatlantico y unámonos solidariamente contra aquellos que no quieren comprender lo que significa la universidad como la expresión universal donde podamos diferir, dirimir, converger, concluir, contradecir, consensuar apoyados en la discusión experta. Estamos convencidos que la salida a la problemática universitaria no es la agresión y las acciones pirománticas y aterradoras no suman, sino que dividen y restan las perspectivas de transformación de la Universidad. Ante la acción de un grupo de estudiantes encapuchados quienes dicen ser ‘universitarios” lo que nos corresponde hacer como ciudadanos y académicos es repudiar y no permitir que nunca más se vuelva a dar un acto de naturaleza incendiaria que provocó negación señalamientos por los medios a los actores de este desacierto ciego fuera de contexto. El llamado que hacemos a la comunidad universitaria es que actúen con sensatez y madurez y no se dejen provocar por los lumpen; sino por el contrario denle una respuesta de civilidad a los que detrimentan el patrimonio institucional. La universidad no puede ser el escenario de la batalla campal de los perros por el poder; al igual que no NO puede ser la empresa del clientelismo electoral y del reparto burocrático de cuotas partidistas y de cazadores del presupuesto; por Dios dejen repensar y trabajar para posicionar a la Uniatlantico en los primeros lugares de la acreditación nacional.

Invitamos al movimiento estudiantil universitario a trazar iniciativas de convivencia y de educación pedagógica. Busquemos caminos que permitan oxigenar la Universidad del Atlántico y que esta sea regentada por quienes representen la academia y la investigación y no por acuerdos politiqueros; es hora de cambiar. Repensemos a Barranquilla.

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