¿Qué está pasando con los buses de la empresa Brasilia?

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Los accidentes y los incendios que se han registrado en los últimos tiempos en algunos buses que conforman la flota de empresas de transportes, en particular de Brasilia, con su oficina principal en Barranquilla, deberían concitar la atención de sus directivos.

No es de poca monta los sonados accidentes que han ocurrido dentro y fuera del país y que comprometen la fiabilidad y las garantías de la mencionada compañía por cuenta de las tragedias en las cuales se han visto involucrados sus vehículos.

El más reciente caso, que preocupa por la seguridad de las personas que hacen uso de este servicio público, es el ocurrido este domingo cerca al corregimiento de Carrapía en La Guajira, donde un aparente corto circuito consumió en su totalidad un bus de Brasilia que puso en riesgo la vida y seguridad de sus cinco ocupantes, incluidos sus dos conductores.

La pregunta obvia que a cualquier ciudadano del común le asiste es: ¿qué está pasando con la flota de esta compañía, cuyos buses año tras año se ven comprometidos en trágicos accidentes de tránsito, con saldo de víctimas que lamentar?.

¿Están fallando las revisiones técnicas y mecánicas a las cuales, suponemos deben ser sometidos concienzudamente estos vehículos, en atención a los largos periodos de espacio y tiempo que viajan por la geografía nacional y más allá de las fronteras, transportando vidas que confían en el buen servicio que se supone presta la empresa?.

Preocupa sobre manera que cada nada ocurran estos eventos, que cuando no dejan víctimas humanas sí alcanzan pérdidas económicas millonarias, que como en el caso que nos ocupa, no queda ni para vender los restos del automotor como hierro retorcido porque prácticamente todo se ‘pulveriza’.

Presumimos que podrían estarse dando presuntas negligencias en los controles y mantenimiento de los vehículos. Pero el problema no solo radica allí, también es importante que la empresa como las autoridades revisen el tema que tiene que ver con los conductores; las horas que estas personas trabajan al frente del timón, sus relevos y descansos.

Es fácil que un microsueño, producto del agotamiento de un profesional del volante, le gane la partida no solo al conductor, sino la vida de las personas que transporta, que es su responsabilidad como el de la empresa a la cual esté afiliado el vehículo.

Tampoco es con un comunicado como van a lograr resolver este tipo de problemas si persisten las fallas a la hora de realizar los controles de calidad a los cuales debe ser sometida permanentemente la flota de buses, sin desestimar, desde luego, el equipo humano que debe estar al 100 por ciento de sus capacidades físicas y mentales para brindar el servicio de excelencia que todos esperamos recibir.

Insistimos en que es necesario que las compañía adelanten sus propias revisiones pero también que las autoridades hagan un mea culpa por no meter en cintura a algunas de estas empresas cuyas fallas se evidencian cada vez que se registra un accidente trágico donde los más afectados son los usuarios, y no hay derecho porque para ello se paga para recibir un buen servicio.

Otro detalle a tener en cuenta por parte de las autoridades y con lo cuales se debe ser implacable, puestos que son vidas las que se transportan, es el manejo de combustible de manera camuflada en los pisos de algunos buses, cuya práctica ya debe estar radicada, que no es el caso que nos aboca, pero que sí se debe considerar a la hora de los controles y revisiones por parte de las propias empresas y las autoridades respectivas.

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