Impedid señores alcaldes la violencia

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Son los momentos y las circunstancias los que llevan al hombre a la toma de decisiones, las cuales de algún modo serán el resultado de profundas reflexiones, enseño el filósofo español José Ortega y Gasset. Son las circunstancias, las que se viven actualmente en nuestros municipios del departamento del atlántico en materia de inseguridad, las que ha ido desbordado el límite de tolerancia permitido a los ciudadanos dentro de una sociedad organizada que por más racional que esta sea reacciona más aun cuando no se escucha una “voz oficial” por parte de quienes tienen el deber constitucional de hacerlo en nombre del Estado y cuyo deber es asegurar el mínimo derecho como gobernantes.

Tanto el alcalde de barranquilla como el de soledad al igual que los restantes deben reaccionar sino quieren que la confianza que tanto han publicitado termine por desvanecerse permitiendo con su dejación que el pueblo termine reaccionando “bajo el estímulo de la legítima defensa” como fue el caso en el municipio de luruaco donde el pueblo terminó tomando de su mano lo que ellos consideran como justo, de continuar la mudez de estos gobiernos frente al aumento galopante de la inseguridad y de la percepción que tiene la ciudadanía sobre esta, terminaran por “matar” no solo el presente sino también el futuro de la ciudad por el mensaje que se envía al mundo externo que los observa.

Los alcaldes deben tener presente que lo que está en juego es el futuro de sus territorios, el de sus gentes, el de sus hijos. El buen gobierno no solo es desarrollar proyectos de calles y avenidas como parte de la cultura del cemento y la varilla, garantizar seguridad también es parte de ello, el pueblo cada día reclama con mayor ahínco el restablecimiento de la seguridad para poder seguir sobreviviendo y como derecho fundamental integral de protección a la vida, honra y bienes. Ese futuro, de continuar los gobiernos siendo displicente con el reclamo ciudadano no es cualquiera, será el que les corresponderá a partir de este presente, el de su ahora; así como el pasado no es el de otras épocas, es futuro es el destino de este presente, “nuestro tiempo es nuestro destino” diría Ortega y Gasset.

Aunque hoy vivimos la virtualidad de los medios con la cual se ha ido cambiado las arengas ciudadanas y silenciosamente se han ido relegando las marchas ciudadanas como aquellas a que fuimos acostumbrados por aquellos colombianos un 7 de febrero de 1948 en la plaza de Bolívar y cuyo líder encarnaba un pueblo el derecho a ella sigue intacta sigue siendo la misma. Aunque el medio cambió, el mensaje sigue teniendo el mismo contenido: que haya paz y piedad para el pueblo. Esa virtualidad de las redes sociales no reemplaza nunca la fuerza subterránea de un pueblo “que tiene el poder de imponer la paz cuando quienes están obligados a imponerla no la imponen” aunque sea por su propia mano.

Lo cierto es que la inseguridad campea y eso es grave aunque existan triviales razones se requiere evitar que se conviertan en una pandemia, para eso se requiere que se cumplan las leyes como expresión de la voluntad general. Los gobernantes tienen el deber de cumplir el mandato que le ha sido encomendado por el pueblo para restablecer la tranquilidad pública ciudadana; Aunque no se duda de su voluntad y de la querencia hacia sus gentes se exige que actúen para que sus administraciones “no naveguen sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino”.

Llegó el momento de que el pasado que preocupaba a nuestros municipios quede atrás, que la flecha lacerante de los odios y de las bajas pasiones, que ha llegado incluso a inmolar a la “diosa Temis” sacrificando con él la razón del derecho por complacer al estilo romano de Pilato, el constante “aleteo” burocrático y la enferma “sed de justicia utilizada por algunos para conveniencia” con la cual han convertido al departamento en un campo de guerra en donde se han ido desplazado las razones de Estado y del deber jurado del gobernante. El gobernador y los alcaldes junto con sus administraciones deben impedir La violencia. Todos sin distingo alguno, queremos la defensa de la vida humana que es lo mínimo que pide un pueblo. En vez de continuar siendo ciegos y sordos al clamor ciudadano se debe aprovechar la capacidad de sus gentes y de su trabajo para el beneficio de sus gentes.

Como expreso Jorge Eliecer Gaitán, el gobernador y los alcaldes deben aceptar esta amonestación. “excelentísimo señor: bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y de exterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de sus palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!!”.
Escríbeme. Leonardoreales72@hotmail.com

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