Mucha gente quiere largarse del país

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Ya en una ocasión, la más dolorosa de mi familia y mía, no resistimos los embates del horror que arrodilló a las autoridades de mi pueblo y casi lo borran de la faz de la tierra, y cerramos los ojos y agarramos lo poquito que pudimos e hicimos lo que nos parecía imposible con las manos vacías y llenos de incertidumbre y miedo: abandonar el pueblo donde nacimos, nos criamos y echamos raíces. Descansamos un poco a pesar de los sufrimientos y revivimos luego de haber superado el trauma y las pesadillas de los matones acorralándome en callejones sin salida pero hoy, paradójicamente después de haberse firmados dos acuerdos de paz, vemos con mucho más horror que nada tiene que envidiarle la guerra ni las masacres a las monstruosidades politiqueras que se han visto últimamente de parte de los que detentan el poder apoyados por la “pobrería asquerosa” que dice el intelectual Fernando Vallejo, y estoy seguro que muchísima gente, especialmente los desplazados, quieren cerrar los ojos y largarse del país aunque tengan que abandonarlo todo. Nosotros, mi familia y yo, somos los primeros que queremos volar y olvidarnos de todo esto. Es que no es para menos porque los culpables son demasiados y absurdamente, rompiendo con todas las reglas de la coherencia y la racionalidad básica. A veces, aunque estamos aferrados a la vida desesperadamente, le perdemos el interés porque no sabemos quiénes somos de tanto alterarnos la identidad ni de donde somos de tanto arrancarnos el país y ponernos en cualquier lugar sin derecho a chistar porque no matan. ¿En qué lugar refugiarnos gobernados por un presidente bailarín de farándula sin nombre que le dice presidente al patrón que lo puso a chupar la teta pública como dice Vallejo? Los cuerdos nos quedamos afuera y los dementes cerraron el manicomio y todos dirigen acabando con el manicomio. Por qué lado entrar y para qué nos preguntamos si hasta habrán escondido las camisas de fuerza y los medicamentos. Una clase dirigente que miente, manipula, zarandea y juega con la ignorancia política inmisericordemente, y millones de ignorantes entre los que hay profesionales que, aunque los conocen de toda la vida y están viendo con sus propios lo que han hecho con el país, creen ciegamente en ellos y los defienden y los eligen para que los exploten inmisericordemente. Verdugos y víctimas agarrados de las manos en permanente idilio. ¿En qué lugar cabe una persona normal ahí? El delincuente de cuello blanco que delinque en multimillonarios desfalcos, se ríe de la justicia, y el juez que lo absuelve por un precio o porque teme que lo maten. El exterminio de líderes sociales y el presidente impuesto, tirándoselas de loco, ensimismado con las cacareadas medidas drásticas contra la llamada dictadura de Venezuela, cuando todo el mundo sabe que no puede hacer absolutamente nada porque él es manejado por Uribe, Uribe por los Estados Unidos pero no quieren nada con él por lo que ya se sabe; Donald Trump por Vladimir Putin porque lo puso en la presidencia y ya Putin, que es aliado de Maduro, le dijo a Trump que cuidado con tocarle un pelo a Venezuela. Tapar la muerte de los líderes, que más va a ser. ¿Será que hay cuerpo para tanta indignación? Salir llorando de nuestro país sería terrible y doloroso porque dejaríamos una parte de nuestras vidas, la más importante, pero superado el trauma y terminadas las pesadillas que nos perseguirían como a nosotros, recuperaríamos gran parte de lo que perdimos en el infierno. Podríamos respirar tranquilos, sufrir en paz, encontrarle el sentido a los sueños y la esperanza. Vivir sin necesidad de contarnos todos los días. Sentir que la vida nos pertenece y que la muerte puede esperar. Ver televisión sin necesidad de mantener aspirinitas en el bolsillo. Dormir tranquilos toda la noche aunque el hijo no haya llegado a la hora acostumbrada. Ver los canales locales y olvidarnos definitivamente de Caracol y RCN.

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