Los abusos del Esmad

190

Para nadie es un secreto que en estos tiempos, en que las movilizaciones sociales de los estudiantes, los trabajadores, los indígenas, los maestros, las mujeres entre otras, salen a la calle a reclamar y a defender sus derechos, que están siendo vulnerados y violentados cada vez más, el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) aparece como una legión de bestias, que nos hacen pensar que de antidisturbios no tienen nada, sino por el contrario son los generadores de caos, atentando contra la integración y la vida misma de los ciudadanos.
Esta fuerza agresiva nació en 1999, durante el gobierno de Pastrana y está conformado por alrededor de 3,600 hombres y mujeres que son entrenados para la barbarie y el odio. Hay que tener en cuenta que nació bajo el propósito de enfrentar al narcotráfico y no a las protestas sociales a las cuales tenemos derecho como pueblo.
Jóvenes como Jaime Alonso Acosta de 18 años, Carlos Blanco, Nicolás Neira de 15 años, Oscar Salas de 20 años, Jhonny Silva de 21 años y Cesar Hurtado, Miguel Angel Barbosa de 18 años, fueron estudiantes, que murieron en las manifestaciones estudiantiles a punto de gases lacrimógenos, artefactos explosivos, balas y golpes.
En este contexto, no solo los estudiantes han sufrido los abusos generados por esta fuerza, también los indígenas como es el caso de Belisario Camayo Guitoto quien muere por un disparo de fusil y el campesino Víctor Alberto Triana, asesinado por una paliza. El pueblo colombiano está sometido a esta fuerza que protege y defiende los intereses de un gobierno burócrata y una clase privilegiada, quienes además han dejado más de 4.000 mil víctimas entre las que encontramos mujeres embarazadas, niños y personas de la tercera edad.
En estos escuadrones se invierten alrededor de 372.000 mil millones de pesos al año y para que cumpla la tarea de materializar el falso discurso de que todo aquel que levante la voz de protesta es un vándalo, un terrorista al que hay que golpearlo de la manera más inhumana y cruel, mientras su violencia es permitida, legal y merecedora de todo respeto.
Vemos ante nuestros ojos, si no nos lo sacan, un autoritarismo, un fascismo disfrazado de democracia y un pueblo que no logra en su totalidad sacudirse del miedo.
Rechazamos rotundamente los hechos ocurridos donde los estudiantes esteban Mosquera y keiry movilla Salazar fueron gravemente herido por una granada aturdidora y una bola de goma que habría lanzado el Esmad durante las marchas estudiantiles.
La brutal arremetida del ESMAD y el uso desmedido de la fuerza dejó por lo menos más de una docena de universitarios heridos, algunos de gravedad, situación que explica en buena medida las consecuencias negativas que sobre la fuerza pública ha tenido la persistencia de un conflicto armado marcado por los imaginarios de la Guerra Fría que ha militarizado la función policial y que lleva a ver cualquier protesta como un acto que atenta contra el orden o se asocia a la insurgencia armada y, por consiguiente, a identificar a quien protesta con un “enemigo” al que se debe doblegar, en lugar de concebirlo como un ciudadano al que se debe proteger en tanto ejerce un derecho. y aunque se supone que el ESMAD hace parte de la Dirección de Seguridad Ciudadana, en la práctica parece no obedecer a un concepto de seguridad ciudadana y en vez de salvaguardar los derechos y las libertades de los ciudadanos y privilegiar acciones preventivas perece ser que se encaminan a acciones cada vez más represivas.
Todo este escenario nos lleva a reflexionar en la necesidad de desmontar este cuerpo policial, primero porque su accionar altamente represivo deslegitima la democracia, segundo porque el Esmad tiene una carga y un historial de violencia profundamente negativa que ha acumulado en su indumentaria y disposición de ataque un odio profundo por parte de la ciudadanía, tercero se reducen gastos y costos operativos que podrían reorientarse hacia otras necesidades que el postacuerdo generará para la fuerza pública, como puede ser la formación y profesionalización del personal en cuanto derechos.
Y finalmente la construcción de la paz en un escenario del posacuerdo implica en lo fundamental expulsar en forma definitiva la violencia, venga de donde venga y lo que equivale es a garantizar los derechos, no sólo de quienes se desmovilicen de las guerrillas sino de todos los colombianos. En consecuencia, supone una apertura de todos los canales para asegurar que el sistema tramitará por la vía institucional y de las demandas de la ciudadanía y para la protesta social. Por lo tanto, la persistencia del enfoque represivo e intensivo en fuerza que encarna el Esmad podría frustrar la construcción de la paz.

Comentarios

Comentarios




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Hosting Empresarial - certificados ssl