El rostro del cinismo

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Hay imágenes imperecederas por perturbadoras. Por ejemplo, a verle visto el rostro al Fiscal General de la Nación, Néstor Martínez Neira, en el debate del congreso en el caso Odebrecht, resultó trastornador por la teatralidad, por su conducta histriónica. Parecía un actor obrando de malo en un tráiler del cine negro, tan malo que confundía la realidad con la ficción – algún lector pensará en el cinismo. Razón suficiente, aunque precariamente realista, para que los aliados lo defendieran y los que no, lo admiraran y lo aplaudieran fuera y dentro del recinto del congreso. “Uno ve lo que quiere ver y otros oyen lo que quieren oír,” escuché una vez la voz extraviada de algún abuelo sabio. Su teatralidad alcanzó su máximo histrionismo cuando mencionó a Dios y a los ángeles, que le hicieron el favor de llevarle – según su religiosidad personal – no sé qué cosa para ganar el debate, aunque quedarán maltrecha y derrotadas la sociedad y la institucionalidad, que él mismo hoy representa. Son las cosas que pasan en un país que cae a pedazos en el abismo del dolor, la impotencia y la corrupción nacional. Habrá que hacerles una estatua a la hipocresía y a la decencia juntas, como hermanas de una historia compartida desabridamente y sin salida. El rostro de aquel día, que se representaba a sí mismo, poco le importaba la fiscalía, la sociedad, el gobierno, el Estado, la institucionalidad, la ley. Le importaba su vida, sus intereses particulares, el grupo Aval, Sarmiento Angulo, y ni siquiera el importaba el presidente de la república. Era él contra el mundo bueno, honesto, honrado, justo, pulcro del país. Y mientras la violencia no cesa y la pobreza no descansa. Y mientras las niñas y los niños son violados. Y mientras las adolescentes salen embarazadas sin la lógica del hambre. Y mientras la salud se suicida de intereses capitalistas. Y mientras la mayoría de los bachilleres no pueden ingresar a ninguna universidad. Y mientras muchos de los adolescentes urbanos y rurales desertan de la escuela por los motivos conocidos. Y mientras el feminicidio no descansa. Y mientras en las cárceles se pudre la carne humana por cualquier robo de un huevo de gallina, el fiscal general de la nación se da el lujo de mentirle al país, de poner sus intereses personales por encima de los intereses de la nación y la sociedad, de retarnos, de enrostrarnos todo lo podrido de la institucionalidad nacional como en una película de horror de todos los tiempos. Como dijo la directora (e) del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia) en la entrevista de El Espectador con Cecilia Orozco este domingo, Vivian Newman: “… el fiscal general se aprovechó de su condición de funcionario público para defenderse como persona. Y que con este abuso de poder se benefició a sí mismo y a terceros, limitó los derechos de sus investigados, afectó la libertad de prensa, redujo la legitimidad del organismo que dirige y drenó la confianza en la institucionalidad.” Ni más ni menos.  

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