El proyecto oscuro de la reforma tributaria

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No hay que utilizar los eufemismos para reconocer que estamos a punto de ingresar a otro mundo; mejor dicho, al mismo mundo del gobierno que ha determinado desde siempre el malestar humano de los colombianos: la reforma tributaria. Craneada por sujetos perversos capaces de arrancarnos, cada vez que lo quieren, pedazos del corazón, el hígado, el conocimiento, la razón, la lógica, la armonía, la esperanza y la paz. Individuos que integran los gobiernos malos de siempre. La perversidad consiste en mentir y hacernos creer que es para tapar el hueco fiscal. Nada más que la misma comida de la mitomanía política del pasado: prometer y no cumplir, como los dioses infelices del infierno. No más impuestos, pero… Lo que los expertos en economía han develado es que tienen la intención de grabar a las personas naturales hasta el 37% y el 80% de la canasta familiar. Ni el huevo escaparía al IVA. Infamia. Mientras tanto, también van a exonerar del impuesto de Industria y Comercio a las empresas de los ricos. Privilegios del capital. Cuchilla para los pobres y la clase media y perfume para los capitalistas y los millonarios: los impuestos a los ingresos brutos serán reducidos, descuentos al ICA y al cuatro por mil y a la renta presuntiva de las obligaciones tributarias, eliminación de los cálculos de beneficios por aportes a cuentas de ahorro para el fomento de la construcción, igual a los fondos voluntarios de pensiones, fondos de vivienda, etc. ¿Por qué esta perversidad si Colombia no es Canada ni Europa, que tienen estados de bienestar sólidos? Y siguen las preguntas: ¿No es incoherente hacer una reforma tributaria con el grado de corrupción altísimo en el país? ¿Cuánto nos cuesta la corrupción a los colombianos: 9, 10, 12 billones? ¿La reducción del gasto social al 0,1% del PIB no es una trampa para justificar la reforma tributaria?

Nos llama la atención la clasificación económica que hacen los voceros del gobierno a los pobres, a la clase media y a los ricos. Para ellos vivir con un millón y medio de pesos no es ser pobres, sino de clase media, y vivir con más de cinco millones es un privilegio de ricos. Los colombianos que ganan el mínimo no son miserables, sino pobres. Esta reconceptualización es tan perversa como la falta de agua en la Guajira o la mala calidad de la educación pública. La sociedad colombiana es una sociedad de sobrevivientes y no de bienvivientes.

Estos temas son como los huracanes parecidos al Katrina, nos zarandean el alma, arrastran, golpean la conciencia, el ser y ellos terminan generando un sentimiento de indignidad mayor o parecido a otros fenómenos sensibles de la sociedad colombiana. No sé si vivir en la zona de la desesperanza o en la zona suicida del optimismo. Espero la sensatez de los insensatos.

pedrocudriz@hotmail.com

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