Empuñemos las banderas de la Región Caribe

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Todo aquel que se considere hijo de la Costa Atlántica no puede empuñar banderas distintas que aquellas que estén orientadas a impulsar un proceso de construcción social, que le permita a la región –en no muy largo plazo– movilizar su potencial económico, insertarse en el mercado mundial y aumentar los niveles de bienestar de la población de manera permanente y sostenible.

Es importante tener claro que se trata de un sueño realizable, siempre y cuando se mantenga entre nosotros ese espíritu integracionista por el cual nos hemos caracterizado los costeños a través de los años.

La consigna no puede ser otra que trabajar de manera incansable y sin escatimar esfuerzo alguno, en pro de que el Litoral Caribe llegue a constituirse en una región de gran dinámica socioeconómica, capaz de generar un conjunto de nuevas empresas, tanto públicas como privadas, que aplicando conocimientos científicos y tecnológicos de avanzada y conservando el patrimonio natural, permitan a su economía posicionarse en los mercados nacionales e internacionales en condiciones favorables de competencia, distribuyendo los beneficios de este mayor crecimiento de manera equitativa.

Tenemos que mantener la unidad convencidos de que la idea de la Región Caribe se consolidará más temprano que tarde, mucho más cuando se sabe que la nuestra es una zona de grandes potencialidades, además porque ello es fundamental para que la Costa Atlántica despeje el camino hacia su verdadero desarrollo.

Para la autonomía regional es preciso insistir en que se desarrolle el canon constitucional que como se sabe fue concebido para todo tipo de aspiraciones de organización política y social de las comunidades colombianas, en especial, el sueño del Caribe: la construcción del Estado Regional; nadie y menos nuestros contradictores centralistas, van a otorgarnos gratuitamente los beneficios a que tenemos derecho.

Aunque no se trata, propiamente, de declarar la República del Caribe, como lo creen algunos, sí significaría un paso importante hacia la integración de la región en una sola comunidad jurídica. Conviene advertir, eso sí, que no se trata de un desusado grito de independencia, pues ya en otras ocasiones se ha hablado de la importancia de una integración mayor entre los departamentos costeños.

Ni tampoco de un acto irregular al margen de las instituciones, ya que la Constitución Nacional considera esta posibilidad en su articulado. El artículo 306 señala, que con fines de desarrollo social y económico, “dos o más departamentos podrán constituirse en regiones administrativas y de planificación con personería jurídica, autonomía y patrimonio propio”.

Ya va siendo tiempo que los representantes de los distintos estamentos de los departamentos costeños, incluyendo desde luego todas las esferas gubernamentales, se decidan a recortar las distancias que se mantienen y que hace cada día más rígida su separación entre la Costa y el interior.

En diferentes épocas hemos hablado en este mismo espacio editorial acerca de la necesidad urgente e ineludible de convocar voluntades y de unir esfuerzos para promover los propósitos o causas regionales bajo un denominador común. Algo se ha hecho en ese sentido pero parcialmente, sencillamente porque no ha habido un movimiento continuo y aquellas posibilidades identificadas a las cuales se les asignó promisorio porvenir, se evaporaron rápidamente.

Al abrazar las banderas de la Región Caribe debemos pensar en activar socialmente, con todos los estamentos del Caribe colombiano, las discusiones del proceso de autonomía territorial como elemento indispensable para impulsar nuestro desarrollo.

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