¡Que generosidad!

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Ahora que nos ha tocado como ciudadanos contribuir económicamente – a través de varias cargas impositivas de diversos ordenes – para que nuestros mandatarios, locales de manera diligente, hayan liderado la construcción, remodelación y adecuación de los estupendos escenarios deportivos en que se desarrollarán los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe dentro de 8 días aquí, debemos valorar la generosidad con la ciudad que tuvieron muchos personajes y prohombres que durante los últimos 180 años gastaron de sus propios recursos para alcanzar obras que le dieron lustre y progreso a Barranquilla.

En efecto, estos Juegos – cuya antorcha recorre esta semana los municipios del Atlántico – se harán a un costo de $480 mil millones, cuya mayor parte se ha ido en infraestructura de 13 bellos espacios para la actividad deportiva en la ciudad. De esos recursos públicos (de nosotros) un 72% fueron colocados por el Distrito y el 30% restante por parte del Departamento y la Nación (sin incluir los $30 mil millones que prometió el presidente Santos y que nunca llegaron).

Sin embargo, desde mediados del siglo XIX numerosos personajes de la vida local -varios de ellos de origen extranjero – acometieron con sus propios esfuerzos y capitales un sin número de obras que dieron esplendor a Barranquilla en el concierto nacional. He aquí algunas de ellas:

Cuando 1852 se creó la provincia de Sabanilla, 65 empresarios ofrecieron un empréstito de 9585 reales para construir las instalaciones de la Aduana de Sabanilla. Del total sobraron 365 reales, que fueron donados al gobierno para limpieza del Canal de la Piña y del Caño Nuevo, vías por donde se comunicaba la ciudad con el puerto marítimo. Años más tarde, muchos de esos empresarios unidos en la “Sociedad de Socorro de Barranquilla” presionarían por la construcción del ferrocarril a Salgar y financiarían obras de beneficio general, como un nuevo Cementerio, el Hospital de Caridad y el Asilo de Huérfanas.

Más adelante se fundaron numerosos teatros como el Fraternidad, el Líbano, el Universal, Las Quintas, el Centenario, el Concordia y el Cine Luz. Mención especial merecen el “Teatro Emiliano” que construyó Emiliano Vengoechea y que se estrenó en Junio de 1895. También el “Teatro Francisco José Cisneros” producto de la remodelación que adelantó Diego A. de Castro del “Teatro La Fraternidad””. Los hermanos Di Doménico a su vez construyeron el “Teatro Colombia” con capacidad para 9 mil espectadores e inaugurado en 1919.

Los ciudadanos Nicolás del Vecchio, William Ladd y Tomas Surí Salcedo donaron los lotes para la construcción del Estadio Romelio Martínez con miras a los Juegos Nacionales de 1935 y los Centroamericanos y del Caribe de 1946 y – quien lo creyera – también de 2018.

A mediados del siglo pasado se conoció el “Legado Muvdi” que es el nombre que recibe un lote de 101 hectáreas donadas por don Elías Muvdi (uno de los primeros patriarcas palestinos llegados a nuestro territorio) en su testamento y que fue legalizado a favor del Departamento en noviembre de 1962. Para la época, la Asamblea Departamental facultó al Gobernador para que se destinaran única y exclusivamente para el uso de instituciones educativas, salud, recreación y deporte.

Más recientemente las hermanas Freund Strunz, de ascendencia Judío/Alemán, donaron la casa y los muebles donde funciona el Museo Romántico desde el 7 de Abril de 1983.

En suma, la historia de Barranquilla se ha visto privilegiada con la generosidad de personajes que daban de si – y de su patrimonio particular – de manera magnánima para el progreso de la ciudad.

@vherreram

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