Detrás del trono

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Con preocupación los colombianos con espíritu crítico reflexionan sobre el devenir político, económico y social del país por los procesos que se avecinan después del triunfo de la derecha, especialmente el poder que adquirió el gestor y mentor Uribe Vélez para decidir en los nombramientos de ministros y demás cargos al más alto nivel, el desvelo y el temor es mayor.

La imagen desgastada del expresidente en ciertos sectores del país, conscientes de la realidad nacional lo consideran un personaje no confiable por sus errores en el pasado, su enfermiza ansiedad de poder, el desprecio de la libertad que atenta contra la democracia, y todo aquello que apunta al proselitismo político cargado de prejuicios, fundamentalismo ególatra, juicios de valores equivocados, que crean enjuiciamientos infundados, estigmatizaciones de los contrarios y otros antivalores propio de un sujeto resentido. Tales posiciones representan una afrenta para la cultura política colombiana. El director del Centro Democrático reelegido nuevamente senador pretende imponer con su actitud autoritaria y revanchista ocupar la presidencia del Senado para mantener nuevamente el poder hegemónico del ejecutivo y legislativo, más las reformas propuestas del judicial y así conformar una dictadura.

Con sofismas distractores de bienestar social hacia los trabajadores, la salud, la educación, a través de una propaganda acolitada por un sector de la prensa y medios de comunicación privilegiada y arrodillada que no escatima ocasión para exaltar la figura de este personaje que se cree dueño de los destinos del país es un insulto al pueblo colombiano. Con su actitud de intolerancia y sus declaraciones de intromisión en la soberanía de los países vecinos, pone en peligro nuestras relaciones internacionales. El senador Uribe ha inducido al presidente electo, y con instrucciones precisas reversar el proceso de paz sin medir las consecuencias que ocasionará tales decisiones para el país.

En 1990 fue ponente de la reforma laboral que cercenó las reivindicaciones de los trabajadores colombianos con la Ley 100; la norma reguló los contratos de trabajo según conveniencia del empleador, desconocimiento de salarios extras los días feriados y domingos; amplió el periodo de prueba a cuatro meses, en fin acabó con docenas de conquistas laborales. En la época de gobernador de Antioquia estimuló la creación de las Convivir, posteriormente se convirtieron en grupos paramilitares que sembraron el terror, la desolación, el desplazamiento y la muerte en las distintas regiones del país. La región más azotada fue el Urabá Antioqueño, con su equivocada política de odio, perdón y olvido dieron origen a las Bacrim. El cinismo del expresidente de ignorar su fracaso de acabar con los paramilitares, y oponerse vehementemente al Gobierno actual en continuar con los procesos de paz, es propio de su personalidad. En el gobierno de Uribe podemos destacar algunas perlitas que lesionaron a las clases más necesitadas del país que aún no se superan después de una década: 1. El régimen pensional aumentó la edad, hombres, de 60 a 62, y mujeres de 55 a 58 años. A los pensionados birló un mes de salario y para satisfacer a sus amigos empresarios impuso la mesada por debajo del mínimo. 2. Aumentó la jornada laboral hasta las 10 de la noche sin recargo nocturno. 3. Incrementó del 3 al 4 por mil todas las transacciones bancarias. 4. Gravó todos los productos y las pensiones con el IVA. 5. Fusionó varios ministerios dejando por fuera más de 40 mil trabajadores con carreras administrativas. 6. La perla mayor fue la liquidación del Seguro Social, y privatizó la salud con las famosas IPS y EPS. El nuevo modelo perjudicó notablemente a la comunidad que no sabe a dónde acudir cuando se enferma por el desorden del sistema. Las consecuencias son fatales para la salud y es normal que enfermos mueran en las puertas de clínicas. El fenómeno del paseos de la muerte y citas médicas programadas hasta por seis meses son algunas de las modalidades del aberrante modelo. Privatizó el Sena, colegios y universidades, aumentó el sueldo de los congresistas para que le aprobaran sus caprichos y con el mismo cinismo critica la mermelada, el pie de fuerza del país las aumentó de 280 mil unidades a más de medio millón. Con estas perlitas ¿será que Uribe fue buen presidente? Y aún falta.

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