La decisión del Marymount

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El país ha quedado impactado ante la decisión del Colegio Marymount de Barranquilla de sancionar de manera ejemplar a 61 alumnos de  último grado, suspendiendo la  tradicional ceremonia de grado, por considerar que estos violaron los principios de la Ética al cometer fraude en su preparación para las pruebas denominadas Saber 11. Varias son las lecciones que debemos aprender de este episodio.

En primer lugar, creemos que los alumnos siguieron algunos malos ejemplos de nuestra sociedad, llegando incluso a actitudes mafiosas como aquello de que “toda persona tiene un precio” o “el fin justifica los medios” o aplicando la “ley del silencio” para actuar como cómplices encubriendo a los culpables hasta el final, a pesar de las sanciones anunciadas por el colegio.

Por su parte, el colegio de manera valiente se la jugó por la legalidad y la ética en un país en donde la ausencia de estos valores ha permeado casi todos los estamentos; se jugó también su prestigio y tradición ante las poderosas familias de su institución, pues la mayoría de los padres de los alumnos son los dueños o directivos de importantes empresas o los políticos, funcionarios públicos o académicos de alto rango en la ciudad y el país. Sin embargo, le queda como tarea a las directivas hacer una reflexión y revisar la manera como han venido enseñando de manera transversal la ética y la legalidad al interior de su programa académico. De todas formas los jóvenes infractores son hoy el producto de lo que el establecimiento educativo ha formado durante los 13 años (desde párvulos hasta undécimo grado) más importantes de sus vidas.

Pero los que no dieron la talla fueron Los padres de familia. Los adultos. No solo no indujeron a  sus hijos a reconocer su error, ni a asumir una actitud de arrepentimiento, ni mucho menos a pedir perdón – ojalá en un evento especial – no solo a las directivas sino a todos los alumnos del plantel.

Por el contrario, “apoyaron” a sus hijos hasta el punto de hacer un derecho de petición y luego impetrar una tutela para tumbar la decisión del colegio. Obtuvieron – aun no nos explicamos cómo y bajo qué argumentos – que un juez de la república le ordenara a la institución reversar la medida. (Pregunta: Estos padres actuarán así en sus empresas particulares o manejando dineros públicos…?)

Y por último – y no menos grave – la misma noche del día en que sus hijos tuvieron que reclamar de manera vergonzosa sus diplomas, los padres asistieron a una costosísima “Fiesta de grado” – organizada por ellos mismos – en el salón Jumbo del Country Club. Allí, en una especie de “Homenaje de desagravio” para quienes pasarán tristemente a la historia como “…la única promoción del Marymount que recibió sus títulos por ventanilla..” y en medio de una gran celebración – con una sofisticada decoración, acompañada por luces robóticas exclusivas y un elenco musical encabezado por Silvestre Dangong – compraron y suministraron la cantidad de bebidas alcohólicas que a sus hijos y a sus jóvenes amigos – muchos menores de edad – les provocó ingerir durante toda la noche y hasta las últimas horas de la madrugada del día siguiente, violando de paso las leyes vigentes al respecto y específicamente el Código de Infancia y Adolescencia y el Nuevo Código Nacional de Policía. De tal suerte que el fraude de los alumnos quedó proporcionalmente igualado a la transgresión a la ley que cometieron sus padres en la noche de su graduación..!!

@vherrera

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